Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya no te pierdo,
te busco en el desierto improvisado
evaporado hasta mis labios, en la sequía del verbo.
El silencio es una enjuta cuerda
que zurce mi agrietada garganta,
sin sorbo,
lejos de la saliva para la nave de mis palabras.
Con ellas, migraron aquellos latidos
acobijándose en sus cuevas,
se apoderaron del manto
y la leña del letargo…soñaron el ayer.
Temblaron las manos del porqué, pero nunca supe cuando
crecieron las uñas que arañaron mi propio destierro.
Lo cierto, es que me recorren las mariposas de la intranquilidad,
porque no reconozco la caricia del viento
si despego en vuelo,
y mis pasos se aglutinan para saborear todos mis desvelos,
al ritmo casi nocturno de la danza vacilante
en la lejanía que propone un recuerdo.
te busco en el desierto improvisado
evaporado hasta mis labios, en la sequía del verbo.
El silencio es una enjuta cuerda
que zurce mi agrietada garganta,
sin sorbo,
lejos de la saliva para la nave de mis palabras.
Con ellas, migraron aquellos latidos
acobijándose en sus cuevas,
se apoderaron del manto
y la leña del letargo…soñaron el ayer.
Temblaron las manos del porqué, pero nunca supe cuando
crecieron las uñas que arañaron mi propio destierro.
Lo cierto, es que me recorren las mariposas de la intranquilidad,
porque no reconozco la caricia del viento
si despego en vuelo,
y mis pasos se aglutinan para saborear todos mis desvelos,
al ritmo casi nocturno de la danza vacilante
en la lejanía que propone un recuerdo.
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