Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Al suicidio de la humanidad
la fugacidad de las horas
por un camino errado,
a veces cuesta mucho escribir
se puede ser auténticamente poeta
claro y sencillo
hay palabras que no están en el diccionario
y mi tinta del exilio las inventa,
a veces regreso hasta la mañana
desde el fondo de otras vidas,
tengo nostalgia de tantas cosas
y vuelvo
y la nostalgia no desaparece
es la misma,
por el resto de nuestros días seremos
exiliados,
de un amor que se ha marchado,
de un amor que no perdona,
de un amor que se resiste,
la mayor nostalgia son aquellas ciudades
en las cuales te he besado,
mis personajes me reprochan
el sufrimiento,
me hacen reclamos de la sequía constante
en los versos,
como un aborto de las ideas,
descubro a veces el verdadero rostro
de la nostalgia.
Me gusta los poemas de las pequeñas cosas,
las piedras que se abren
en el camino a tu puerta,
de golpear antes de la llamada,
cuando el corazón salta de inmensa
alegría al llegar a tu puerta
otra vez.
Tu sabes la emoción al ver el buzón
lleno de tus letras, hechas de cartas,
de formas y caricias literarias,
una carta no se ruboriza,
no se extraña ni se acongoja
de su alma.
la fugacidad de las horas
por un camino errado,
a veces cuesta mucho escribir
se puede ser auténticamente poeta
claro y sencillo
hay palabras que no están en el diccionario
y mi tinta del exilio las inventa,
a veces regreso hasta la mañana
desde el fondo de otras vidas,
tengo nostalgia de tantas cosas
y vuelvo
y la nostalgia no desaparece
es la misma,
por el resto de nuestros días seremos
exiliados,
de un amor que se ha marchado,
de un amor que no perdona,
de un amor que se resiste,
la mayor nostalgia son aquellas ciudades
en las cuales te he besado,
mis personajes me reprochan
el sufrimiento,
me hacen reclamos de la sequía constante
en los versos,
como un aborto de las ideas,
descubro a veces el verdadero rostro
de la nostalgia.
Me gusta los poemas de las pequeñas cosas,
las piedras que se abren
en el camino a tu puerta,
de golpear antes de la llamada,
cuando el corazón salta de inmensa
alegría al llegar a tu puerta
otra vez.
Tu sabes la emoción al ver el buzón
lleno de tus letras, hechas de cartas,
de formas y caricias literarias,
una carta no se ruboriza,
no se extraña ni se acongoja
de su alma.
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