Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Si acaso dos pinceladas de resquemor
para que el corazón siga latiendo
y la sangre hierva sin remordimiento,
y un penitente silencio de ángel funerario
recuerdo de una noche que fue casi abismo.
Finjo que no hay recuerdos y trato de crecer
desde esta mudez animal que me devora,
desde esta vigorosa soledad y su embestida.
El viento arrastra las hojas hasta perderse,
y, luego, vuelve con una herida,
por donde jamás ha de brotar la sangre,
que acallo y oculto en los claustros
donde mi sombra se disfraza de luz enamorada.
Aún caliente la tinta sacrificada, y bajo el guiño
cómplice de la luna en el órdago del tiempo,
escribo poemas de amor a una extraña.
para que el corazón siga latiendo
y la sangre hierva sin remordimiento,
y un penitente silencio de ángel funerario
recuerdo de una noche que fue casi abismo.
Finjo que no hay recuerdos y trato de crecer
desde esta mudez animal que me devora,
desde esta vigorosa soledad y su embestida.
El viento arrastra las hojas hasta perderse,
y, luego, vuelve con una herida,
por donde jamás ha de brotar la sangre,
que acallo y oculto en los claustros
donde mi sombra se disfraza de luz enamorada.
Aún caliente la tinta sacrificada, y bajo el guiño
cómplice de la luna en el órdago del tiempo,
escribo poemas de amor a una extraña.