No me busques en las altas marquesinas,
ni en los escaparates de ocasión
búscame mas bien, por el rincón
donde duermen las almas cristalinas.
No me busques en el neón, ni en brillantinas
que se olvidan, cuando la luz se apaga
búscame despacio por la llaga,
por el dolor del verso y la amargura
por la soledad y la lastimadura
que nos produce el siglo, que nos traga.
No me busques donde duermen los poetas
de academia, con roces de nobleza
búscame mejor por la tristeza,
por el cortejo, de esta muerte de cometas.
No me busques en pasquines ni en gacetas
donde escriben renombradas lapiceras,
búscame en perdidas primaveras
donde la flor, lucha a a cada instante
por ser flor, en el latir de cada amante,
sin añorar el brillar de las vidrieras.
No me busques, si buscas, solamente
el resonar de una campana extraordinaria,
búscame en la diana proletaria
que baja hasta el oído de la gente.
No me busques en el verso que estridente
es anunciado por pagos anunciantes,
búscame en las crudas consonantes
donde llora el sentir mas solitario
y donde un sueño imposible y libertario
crece entre las sombras, acechante.
Búscame, en fin, en la perdida
quietud, del boliche y el silencio
donde canto, abrigo y reverencio
a las almas que pelean con la vida.
Búscame en la mujer que nunca olvida,
en el niño, hecho hombre en las aceras
porque me hice poeta en las esperas
a la orilla de una calle desolada,
he plantado tantas flores en la nada
que ahora amanezco en sol...por las ojeras.
Marino Fabianesi
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