Ricardo Realpe
Poeta recién llegado
La lluvia cae pesada y rígida sobre mis hombros
y las calles están empapadas por doquier.
Corren de aquí, allá y acullá los hombres,
mientras mi cuerpo se cala de la cabeza hasta los pies.
Las bocinas de impacientes automóviles
y las pisadas en trote, por el tropel de la muchedumbre
causan en charcas tal estrepites.
Se suma al bullicio mi estómago anunciando el hambre …
Con rugidos que unidos al frió despiertan al Calambre:
energúmeno que duerme sobre lechos musculares,
y que al levantarse muerde con sus dientes de alambre,
estremeciendo y entumeciendo todo mi ser-
Inmóvil me siento en la acera sin saber qué hacer,
atisbo hacia arriba y veo salir tímidamente ya la tenue alumbre
que se abre paso por entre discurridos nubarrones.
En cuestión de momentos ya los rayos del sol al cielo cubre…
*******
En todo su esplendor el sol brilla.
En otra calle y otras personas caminan;
como en lo sucesivo anterior muchos de ellos usan sombrilla.
De aquí para allá, andan y me miran.
Algunos se acercan me tiran un peso y luego se piran.
Con una sonrisa honesta y sencilla
les doy a saber que mis riquezas no expiran.
Así agradezco con mi gesto a las personas de esta villa.
Transcurren las horas. pensamiento y cuerpo deliran...
entonces, me paro y me siento en una solitaria banquilla-
Ya el día declina y la noche viene a hurtadillas;
las callejuelas se ennegrecen, y la luna aparece y gira.
y las calles están empapadas por doquier.
Corren de aquí, allá y acullá los hombres,
mientras mi cuerpo se cala de la cabeza hasta los pies.
Las bocinas de impacientes automóviles
y las pisadas en trote, por el tropel de la muchedumbre
causan en charcas tal estrepites.
Se suma al bullicio mi estómago anunciando el hambre …
Con rugidos que unidos al frió despiertan al Calambre:
energúmeno que duerme sobre lechos musculares,
y que al levantarse muerde con sus dientes de alambre,
estremeciendo y entumeciendo todo mi ser-
Inmóvil me siento en la acera sin saber qué hacer,
atisbo hacia arriba y veo salir tímidamente ya la tenue alumbre
que se abre paso por entre discurridos nubarrones.
En cuestión de momentos ya los rayos del sol al cielo cubre…
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En todo su esplendor el sol brilla.
En otra calle y otras personas caminan;
como en lo sucesivo anterior muchos de ellos usan sombrilla.
De aquí para allá, andan y me miran.
Algunos se acercan me tiran un peso y luego se piran.
Con una sonrisa honesta y sencilla
les doy a saber que mis riquezas no expiran.
Así agradezco con mi gesto a las personas de esta villa.
Transcurren las horas. pensamiento y cuerpo deliran...
entonces, me paro y me siento en una solitaria banquilla-
Ya el día declina y la noche viene a hurtadillas;
las callejuelas se ennegrecen, y la luna aparece y gira.