Poesía viva.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Era una tarde jubilosa.
Todas, preciosas.
Sus dientes, de perlas.
Sus manos, como las ramas de los árboles.
Sus pies, acariciaban el agua de la fuente.


Me aproximé con devoción, y me revolcó una ola del Mar. Era la furia. Una emoción.


Mi frustración, comprendí, se debe a mi miedo a lo desconocido.
Estaba temblando y me escondí. Rojo de cólera...
Ellas apuntaban con un revólver, a la altura de mis tobillos.
¡ Querían agujerearme los calcetines ! Eran cazadoras de botas camperas.
Se las comerían, al anochecer, al son de los tambores africanos. En esta Primavera.


Resolví dialogar, en su idioma, que es el zulú.




Mezclando hoja de tabaco con hoja de coca, y algún cogollo de Marihuana,
conseguí encender un fuego que las hizo olvidarme por completo.
Imaginando, mientras lo inhalaban, que acudían cientos de guerreros, prestos y heroicos.
Atléticos y surrealistas, como yo. Clones míos, por supuesto. Es mi diseño. Mis descendientes.
Los hijos que tendríamos, todos en común.


Y me quisieron. Me mimaron mucho, aquella noche.


Les tuve que regalar un cofre lleno de tesoros valiosos.
Me despedí, y más vacío que un edificio en ruinas que hacen desplomarse violentamente,
pero ordenadamente, con explosivos... Ya, cabizbajo, volví a casa, y me duché.
Las recuerdo: Todas, en fila india, aproximándose.
Y así, mis versos solos, iban rimándose.
 
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