Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
'Ción de soledades
que deshoja al cielo
de su blanca mano
translúcido lienzo,
que bebe en mi nombre
fragor irredento,
que siega las canas
de mi sien el tiempo.
Y asoma su forma
de luz en mis sueños,
de tímidos cantos,
delicados versos.
Visión de la amada
que a mis ojos ciegos
presagian galerna
de mis desesperos.
Polvo de los años
que encorva al viajero,
que pesa a la espada
y al camino viejo.
Se escapa la vida
más allá del lecho,
que un ángel de muerte
se vede a lo lejos.
Y tomo en su arcano
el místico incienso;
unción que a las almas
es divino verbo.
Que expía la carne,
muy solo en el pecho,
corazón herido
que muere de cierto,
entregado al ansia
del desnudo cuerpo...
de esa piel tan alba
que adornó sus senos.
Y queda en mis labios,
del postrero aliento,
el numen sagrado
de mi amor un templo.
Nombre que en prodigio
besa al pensamiento,
ebrio de mañanas,
caróntico velo...
Flor de oscuridades,
sol en el recuerdo.
Llora Poesía,
sola ante el espejo!
que deshoja al cielo
de su blanca mano
translúcido lienzo,
que bebe en mi nombre
fragor irredento,
que siega las canas
de mi sien el tiempo.
Y asoma su forma
de luz en mis sueños,
de tímidos cantos,
delicados versos.
Visión de la amada
que a mis ojos ciegos
presagian galerna
de mis desesperos.
Polvo de los años
que encorva al viajero,
que pesa a la espada
y al camino viejo.
Se escapa la vida
más allá del lecho,
que un ángel de muerte
se vede a lo lejos.
Y tomo en su arcano
el místico incienso;
unción que a las almas
es divino verbo.
Que expía la carne,
muy solo en el pecho,
corazón herido
que muere de cierto,
entregado al ansia
del desnudo cuerpo...
de esa piel tan alba
que adornó sus senos.
Y queda en mis labios,
del postrero aliento,
el numen sagrado
de mi amor un templo.
Nombre que en prodigio
besa al pensamiento,
ebrio de mañanas,
caróntico velo...
Flor de oscuridades,
sol en el recuerdo.
Llora Poesía,
sola ante el espejo!
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