Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No es la palabra.
Es lo que queda cuando la palabra no alcanza.
Poeta es el que recoge lo que otros dejan caer sin darse cuenta:
un suspiro en la calle,
una mirada que se rompe,
un silencio que pesa más que cualquier grito.
Poeta no escribe…
traduce.
Traduce el temblor del pecho,
la memoria que insiste,
el dolor que no encontró casa
y tuvo que volverse verso.
Poeta es herida con voz.
Es alguien que no pudo quedarse callado
aunque nadie estuviera escuchando.
A veces el poeta es un impostor:
finge entender el mundo
cuando en realidad lo está reconstruyendo
pedazo por pedazo
para no desmoronarse con él.
Otras veces es un niño,
mirando todo por primera vez,
nombrando la luz
como si fuera un milagro reciente.
Y casi siempre—
casi siempre—
el poeta es alguien que amó demasiado
o perdió demasiado
y encontró en las palabras
la única forma digna
de no desaparecer.
Poeta…
no es quien escribe bonito.
Es quien sangra
y en lugar de esconderlo,
lo convierte en lenguaje.
Es lo que queda cuando la palabra no alcanza.
Poeta es el que recoge lo que otros dejan caer sin darse cuenta:
un suspiro en la calle,
una mirada que se rompe,
un silencio que pesa más que cualquier grito.
Poeta no escribe…
traduce.
Traduce el temblor del pecho,
la memoria que insiste,
el dolor que no encontró casa
y tuvo que volverse verso.
Poeta es herida con voz.
Es alguien que no pudo quedarse callado
aunque nadie estuviera escuchando.
A veces el poeta es un impostor:
finge entender el mundo
cuando en realidad lo está reconstruyendo
pedazo por pedazo
para no desmoronarse con él.
Otras veces es un niño,
mirando todo por primera vez,
nombrando la luz
como si fuera un milagro reciente.
Y casi siempre—
casi siempre—
el poeta es alguien que amó demasiado
o perdió demasiado
y encontró en las palabras
la única forma digna
de no desaparecer.
Poeta…
no es quien escribe bonito.
Es quien sangra
y en lugar de esconderlo,
lo convierte en lenguaje.