POLILLAS EN EL RELOJ
Tarde o temprano
la tristeza nos alcanza
con la ropa devorada por polillas
mirando a las personas de cerca
con el alma tan lejana;
la vida es un juego de azar
donde cada quien labra su suerte
y no se sabe lo que pasará mañana
ni el valor de cada día;
tengo todo lo que necesito
en cada bolsillo
quiero estar preparado
cuando se inicie la danza
y te muestres desnuda
y bailes descalza
y el olor de tu piel
impregne el aire y las miradas
a la luz de las velas.
Un grito llega a las estrellas
hacia la luz infinita,
por favor acaríciame
aleja de una vez la soledad;
puedo oler el hielo
mirarte exhalarlo de tu boca ansiosa
congelada por el frío
de tus ojos incapaces de mentir,
incapaces de dejarlo todo atrás
y venir conmigo
a este mundo de miserias y mentiras
que se hunde en el abismo del amor
nunca sentido, nunca correspondido,
siempre presente en pensamientos sin sentido
pudorosos de mostrarse como son.
Qué me ha dejado la vida,
odio e hipocresía,
sentimientos encontrados,
un amor que a mi pesar
se me escapa de las manos;
no me es fácil encontrarte
tan distante del camino,
aferrada a una ilusión
que no depende de mí,
en este jardín olvidado
donde guardo mis pecados
en el silencio que te esconde
allí, donde está tú nombre,
como la única verdad;
no me cierres otra vez la puerta
ni te lleves el alma,
no quiero regresar al inframundo
cuando nos invada el pánico,
y se muestren las culpas
detrás de nuestras máscaras;
anda, continúa el sinsentido
confunde tus gemidos con los míos,
ignórame si es lo que te da placer
y te hace sentir mujer,
déjame tan sólo un instante
la imagen de tu rostro,
el olor de tu piel,
las lágrimas que escondes entre risas
descarnando los deseos más oscuros.
Es el último respiro
se cierran lentamente tus pupilas,
sólo sombras y silencio
recuerdos de un fuego extinto;
se oscurece el horizonte
en este bosque, donde el sol no tiene ningún poder
y reina la tormenta,
gobierna el caos;
átame a tu vida
dame aunque sea tu compasión
déjame en los brazos de Morfeo,
pero no me dejes atrás;
deslízate hasta alcanzar
la cumbre de la inocencia,
rodéame con tus manos,
enséñame a olvidar,
borra cada pensamiento
cada uno de los recuerdos,
abandonemos todo entendimiento,
ya no importa lo aprendido
ni el pasado, ni el presente
ni la suerte, ni el azar;
condéname a este silencio
al misterio de tu mundo
alejado, indiferente
tan ajeno de la muerte,
del dolor y del reloj.
Tarde o temprano
la tristeza nos alcanza
con la ropa devorada por polillas
mirando a las personas de cerca
con el alma tan lejana;
la vida es un juego de azar
donde cada quien labra su suerte
y no se sabe lo que pasará mañana
ni el valor de cada día;
tengo todo lo que necesito
en cada bolsillo
quiero estar preparado
cuando se inicie la danza
y te muestres desnuda
y bailes descalza
y el olor de tu piel
impregne el aire y las miradas
a la luz de las velas.
Un grito llega a las estrellas
hacia la luz infinita,
por favor acaríciame
aleja de una vez la soledad;
puedo oler el hielo
mirarte exhalarlo de tu boca ansiosa
congelada por el frío
de tus ojos incapaces de mentir,
incapaces de dejarlo todo atrás
y venir conmigo
a este mundo de miserias y mentiras
que se hunde en el abismo del amor
nunca sentido, nunca correspondido,
siempre presente en pensamientos sin sentido
pudorosos de mostrarse como son.
Qué me ha dejado la vida,
odio e hipocresía,
sentimientos encontrados,
un amor que a mi pesar
se me escapa de las manos;
no me es fácil encontrarte
tan distante del camino,
aferrada a una ilusión
que no depende de mí,
en este jardín olvidado
donde guardo mis pecados
en el silencio que te esconde
allí, donde está tú nombre,
como la única verdad;
no me cierres otra vez la puerta
ni te lleves el alma,
no quiero regresar al inframundo
cuando nos invada el pánico,
y se muestren las culpas
detrás de nuestras máscaras;
anda, continúa el sinsentido
confunde tus gemidos con los míos,
ignórame si es lo que te da placer
y te hace sentir mujer,
déjame tan sólo un instante
la imagen de tu rostro,
el olor de tu piel,
las lágrimas que escondes entre risas
descarnando los deseos más oscuros.
Es el último respiro
se cierran lentamente tus pupilas,
sólo sombras y silencio
recuerdos de un fuego extinto;
se oscurece el horizonte
en este bosque, donde el sol no tiene ningún poder
y reina la tormenta,
gobierna el caos;
átame a tu vida
dame aunque sea tu compasión
déjame en los brazos de Morfeo,
pero no me dejes atrás;
deslízate hasta alcanzar
la cumbre de la inocencia,
rodéame con tus manos,
enséñame a olvidar,
borra cada pensamiento
cada uno de los recuerdos,
abandonemos todo entendimiento,
ya no importa lo aprendido
ni el pasado, ni el presente
ni la suerte, ni el azar;
condéname a este silencio
al misterio de tu mundo
alejado, indiferente
tan ajeno de la muerte,
del dolor y del reloj.