Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
En la nada estaba
cuando la mano torpe se encargó
de espantar al cuervo
que, durante las horas nocturnas,
se divertía con mis ojos
mientras la zurda,
más locuaz y habilidosa
y aún en la aurora del tiempo,
pugnaba por levantar
una desvencijada persiana que,
acompañada por un lamento causante
de una estridente música de ladridos,
iba dejando al descubierto la densa niebla
que ya comenzaba a devorar,
como empujada por la mano de la montaña
o de la columna trepadora
del bosque nocturno, todos los vanos
de la casa y los seres y objetos que alguna vez
se impregnaron de cálido aliento.
¿Qué fue del bullicio alegre de plazas y bares?
¿Por qué ya no crecen truenos repentinos
de voces juntas cantando?
Todo un mundo de imágenes
me queda de aquel tiempo
que van perdiendo el color
o convirtiéndose en escombros.
Porque tengo la impresión de caminar
entre las ruinas de mi propia civilización,
pesa la solemnidad abrumadora
del silencio en las calles vacías,
y yo, que vivo como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia,
soy, junto con los semáforos
y las tiendas cerradas, ahora inútiles,
un vestigio del ser civilizado que un día fui
y como los coches aparcados
acumulando un polvo cada vez más espeso
mi cuerpo semeja un molde
conteniendo las cenizas de un tiempo
que se me antoja muy lejano.
cuando la mano torpe se encargó
de espantar al cuervo
que, durante las horas nocturnas,
se divertía con mis ojos
mientras la zurda,
más locuaz y habilidosa
y aún en la aurora del tiempo,
pugnaba por levantar
una desvencijada persiana que,
acompañada por un lamento causante
de una estridente música de ladridos,
iba dejando al descubierto la densa niebla
que ya comenzaba a devorar,
como empujada por la mano de la montaña
o de la columna trepadora
del bosque nocturno, todos los vanos
de la casa y los seres y objetos que alguna vez
se impregnaron de cálido aliento.
¿Qué fue del bullicio alegre de plazas y bares?
¿Por qué ya no crecen truenos repentinos
de voces juntas cantando?
Todo un mundo de imágenes
me queda de aquel tiempo
que van perdiendo el color
o convirtiéndose en escombros.
Porque tengo la impresión de caminar
entre las ruinas de mi propia civilización,
pesa la solemnidad abrumadora
del silencio en las calles vacías,
y yo, que vivo como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia,
soy, junto con los semáforos
y las tiendas cerradas, ahora inútiles,
un vestigio del ser civilizado que un día fui
y como los coches aparcados
acumulando un polvo cada vez más espeso
mi cuerpo semeja un molde
conteniendo las cenizas de un tiempo
que se me antoja muy lejano.