Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nada hay tras el pestañeo
que por inercia en la mirada
intermitente se traslada
entre éste o aquel verso.
Nada salvo el soborno
de tu edad en el espejo
aun guardando fiel sonrojo
del primero de tus besos.
La hernia de tu pecho
que estrangula tu latido
se adhiere a todo ensueño
y lo hunde en el olvido.
Y abres tus ojos tediosos,
y miras tus manos vacías,
y sientes el hueco tan hondo
de esa inocencia que huía
al pagar el último plazo
dejando sin avales la vida,
que te abrazas con el llanto
sin restañar ninguna herida.
Amargo despojo de días
sepultados hora tras hora...
Los deseos que en ti ardían
hoy en el alma son ponzoña.
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