salvaserapio
Poeta recién llegado
(Mi primer post)
Confieso que soy culpable de querer entender la nada. De embriagarme para alzarme sobre mí y poder verme en mi sola diferencia. Confieso huir a menudo para adentrarme en mis adentros, y universalizar una consciencia que hace tiempo que se me quedó pequeña. No entender la nada es acaso uno de los objetos de esta dolorosa búsqueda que impone el vivir. Pero, cuando la sensación de buscar ni siquiera te complace, acabas en la inevitable aprehensión de la nada.
A menudo creo que los sueños también buscan lo mismo, pero por otro camino. Se me antojan la parte vista de un iceberg libre, aislado, único, en cuyo fondo se encuentra mi consciencia. La ideación onírica absurda, ¿irreal?, truculenta, obscena en su osadía, que corre en una espiral laberíntica siempre sin fin, como esas imágenes que se autorepiten en un cristal espacio-temporal cuando tienes fiebre. Luego amanece, miro dentro, y no queda nada: ni feo, ni bonito, ni incluso placentero o doloroso… si acaso un remanente culpable de querer explorar caminos que mi despertar no entiende.
Confieso que soy culpable de querer entenderlo todo, de coger la calculadora de la ciencia y tamizar la realidad para ver qué se queda atrapado en el crisol. Cuando sé que nunca queda nada. Acaso porque el tiempo es divisible hasta reducirse a una instantaneidad en la que sólo cabe el vacío. Como si mi esencia no fuese atómica en mi espacio, sino un instrumento continuo, inescrutable, que, instante a instante, es incapaz de reconstruir cualquier algo.
Me duele esta búsqueda, me cansa este camino, me persiguen los monstruos de un racionalismo deificado. Con el tiempo, me he dado cuenta de que sólo encuentro consuelo en las palabras que evocan presentimientos de lo que no puedo ver, palabras sin relación global, reflejo de un momento único de placer ¿vivido?, ¿soñado? en una melodía barroca en una tarde de verano, a la sombra calma de un gran roble.
Soy nuevo aquí, pero mucho de lo que escribís se cuela por poros que ni sé que tengo y me dicen que no estoy solo en el camino. Gracias a todos.
Confieso que soy culpable de querer entender la nada. De embriagarme para alzarme sobre mí y poder verme en mi sola diferencia. Confieso huir a menudo para adentrarme en mis adentros, y universalizar una consciencia que hace tiempo que se me quedó pequeña. No entender la nada es acaso uno de los objetos de esta dolorosa búsqueda que impone el vivir. Pero, cuando la sensación de buscar ni siquiera te complace, acabas en la inevitable aprehensión de la nada.
A menudo creo que los sueños también buscan lo mismo, pero por otro camino. Se me antojan la parte vista de un iceberg libre, aislado, único, en cuyo fondo se encuentra mi consciencia. La ideación onírica absurda, ¿irreal?, truculenta, obscena en su osadía, que corre en una espiral laberíntica siempre sin fin, como esas imágenes que se autorepiten en un cristal espacio-temporal cuando tienes fiebre. Luego amanece, miro dentro, y no queda nada: ni feo, ni bonito, ni incluso placentero o doloroso… si acaso un remanente culpable de querer explorar caminos que mi despertar no entiende.
Confieso que soy culpable de querer entenderlo todo, de coger la calculadora de la ciencia y tamizar la realidad para ver qué se queda atrapado en el crisol. Cuando sé que nunca queda nada. Acaso porque el tiempo es divisible hasta reducirse a una instantaneidad en la que sólo cabe el vacío. Como si mi esencia no fuese atómica en mi espacio, sino un instrumento continuo, inescrutable, que, instante a instante, es incapaz de reconstruir cualquier algo.
Me duele esta búsqueda, me cansa este camino, me persiguen los monstruos de un racionalismo deificado. Con el tiempo, me he dado cuenta de que sólo encuentro consuelo en las palabras que evocan presentimientos de lo que no puedo ver, palabras sin relación global, reflejo de un momento único de placer ¿vivido?, ¿soñado? en una melodía barroca en una tarde de verano, a la sombra calma de un gran roble.
Soy nuevo aquí, pero mucho de lo que escribís se cuela por poros que ni sé que tengo y me dicen que no estoy solo en el camino. Gracias a todos.