cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
POR COSTUMBRE
No, se los digas a nadie, es secreto,
del mes de septiembre, por la tarde,
mientras yo escribía, una dama
zurcía con paciencia de aguja
su prenda preferida.
Nada menos el nido que cubre
la fuente del deseo, alimento
del niño. Si bien es cierto su
función es ya finita, no deja
de ser atractivo en su
anatomía.
Mientras ella zurce yo escribo,
y la tarde de ese mes cualquier
día, va minando en su alegría,
la dama muy entretenida,
sigue zurciendo, como
si estuviera escribiendo,
como lo hago yo,
todavía.
respiro luego escribo
No, se los digas a nadie, es secreto,
del mes de septiembre, por la tarde,
mientras yo escribía, una dama
zurcía con paciencia de aguja
su prenda preferida.
Nada menos el nido que cubre
la fuente del deseo, alimento
del niño. Si bien es cierto su
función es ya finita, no deja
de ser atractivo en su
anatomía.
Mientras ella zurce yo escribo,
y la tarde de ese mes cualquier
día, va minando en su alegría,
la dama muy entretenida,
sigue zurciendo, como
si estuviera escribiendo,
como lo hago yo,
todavía.
respiro luego escribo