eduardocarpio
Poeta adicto al portal
POR LAS ORILLAS DEL TEMPO
Quisiera daros el nombre
de un árbol junto a la orilla
del río para grabar
en su tronco vuestra dicha
y otros al verla fabulen
sobre quienes no mentían.
Tal árbol y tal madera,
llevarán tallas distintas,
pero el mismo corazón,
y tomando la infinita
proporción de su cariño,
se verán volar fatigas
sin advertir que el augurio,
exultante de la vida,
en aquel rincón del parque,
es reventarse a si misma.
-------
Luego llegará el invierno
rompiéndote las mejillas
desde el noviembre taimado
con su oscura cirugía
hasta el trino en primavera
verdeciendo toda arcilla...
Y en el leño, quizá musgo,
una promesa indecisa
que ayer dejaba su afán
en la corteza furtiva...
Una luz, un farol, tú,
el silencio de una astilla,
y las manos apretadas
con el cariño en sus fibras.
entre acacias y algún lirio...
-------
Y la tarde dolorida
en aquel jardín cercano
con el silencio en sus cifras...
Iba el tiempo pesaroso
y en tus ojos mi medida,
por los grises de aquel luto
una triste despedida.
-------
Hoy, acaso, ya lejana
torna mi voz atrevida:
nunca olvidé la sustancia
de aquella luz conmovida;
desde entonces la memoria,
confunde la mayoría
de mis simples predicciones:
sé que un día sin aristas
nuestros nombres coincidieron,
dos iniciales tenían,
ámbar, rosas y ternura
una tarde que llovía...
-------
Y el deseo en la alameda
se morirá sin visitas,
pero aquellas que lo vieron,
lo recuerdan todavía.
-------
eduardocarpio
6 de octubre de 2013
Quisiera daros el nombre
de un árbol junto a la orilla
del río para grabar
en su tronco vuestra dicha
y otros al verla fabulen
sobre quienes no mentían.
Tal árbol y tal madera,
llevarán tallas distintas,
pero el mismo corazón,
y tomando la infinita
proporción de su cariño,
se verán volar fatigas
sin advertir que el augurio,
exultante de la vida,
en aquel rincón del parque,
es reventarse a si misma.
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Luego llegará el invierno
rompiéndote las mejillas
desde el noviembre taimado
con su oscura cirugía
hasta el trino en primavera
verdeciendo toda arcilla...
Y en el leño, quizá musgo,
una promesa indecisa
que ayer dejaba su afán
en la corteza furtiva...
Una luz, un farol, tú,
el silencio de una astilla,
y las manos apretadas
con el cariño en sus fibras.
entre acacias y algún lirio...
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Y la tarde dolorida
en aquel jardín cercano
con el silencio en sus cifras...
Iba el tiempo pesaroso
y en tus ojos mi medida,
por los grises de aquel luto
una triste despedida.
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Hoy, acaso, ya lejana
torna mi voz atrevida:
nunca olvidé la sustancia
de aquella luz conmovida;
desde entonces la memoria,
confunde la mayoría
de mis simples predicciones:
sé que un día sin aristas
nuestros nombres coincidieron,
dos iniciales tenían,
ámbar, rosas y ternura
una tarde que llovía...
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Y el deseo en la alameda
se morirá sin visitas,
pero aquellas que lo vieron,
lo recuerdan todavía.
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eduardocarpio
6 de octubre de 2013
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