eduardocarpio
Poeta adicto al portal
POR LOS FILOS DE LOS SUEÑOS...
Después de tanto silencio,
atibada la garganta,
van los ojos ya cansados
de tanta lectura, tanta;
para aprender de la pena
sabiendo que la palabra
grana siempre los senderos
soleando las ventanas,
empañando soledades
que son rincones del alma
donde habitan las arañas
y la sangre derramada.
 
Por los filos de los sueños
y las ebrias madrugadas
van las penumbras de trapo
que me cubren toda el alba
con sus brillantes promesas
entre pagos sin labranza
y las furias sin pasiones:
¡quieren trocar por vilezas
las caricias de unas alas!
 
Luna negra, sangre roja
las noches empurpuradas
de lluvia, tinta y ginebra
y un vapor de nubes blancas;
ténlo en cuenta, sombra mía,
no te vistas de granada
con las ropas de la aurora.
Tañen luto las campanas,
el ciprés desde su altura
ve rotondas y quebradas
y las orillas del río,
complacidas y rosadas,
dan plenitud al jardín,
mas, ¡qué soledad tremenda
todo envuelto en tanta calma!
 
Sabrás así que las rosas
pueden ser también navajas,
que por claras son del cielo,
mas de noche se declaran
cenizas de lo relojes
y tristeza abandonada;
como aquella en tu mejilla
al decirte que marchaba
y rozarte con los labios
sin cruzar ni la mirada
con la prisa en el embozo
abrigándose bastarda- 
¡Cómo sería el espanto
que allí dejaste tu espada
drenando el trato mezquino
de quien tu voz quiso amarga!
eduardocarpio
17 de junio de 2013
Después de tanto silencio,
atibada la garganta,
van los ojos ya cansados
de tanta lectura, tanta;
para aprender de la pena
sabiendo que la palabra
grana siempre los senderos
soleando las ventanas,
empañando soledades
que son rincones del alma
donde habitan las arañas
y la sangre derramada.
 
Por los filos de los sueños
y las ebrias madrugadas
van las penumbras de trapo
que me cubren toda el alba
con sus brillantes promesas
entre pagos sin labranza
y las furias sin pasiones:
¡quieren trocar por vilezas
las caricias de unas alas!
 
Luna negra, sangre roja
las noches empurpuradas
de lluvia, tinta y ginebra
y un vapor de nubes blancas;
ténlo en cuenta, sombra mía,
no te vistas de granada
con las ropas de la aurora.
Tañen luto las campanas,
el ciprés desde su altura
ve rotondas y quebradas
y las orillas del río,
complacidas y rosadas,
dan plenitud al jardín,
mas, ¡qué soledad tremenda
todo envuelto en tanta calma!
 
Sabrás así que las rosas
pueden ser también navajas,
que por claras son del cielo,
mas de noche se declaran
cenizas de lo relojes
y tristeza abandonada;
como aquella en tu mejilla
al decirte que marchaba
y rozarte con los labios
sin cruzar ni la mirada
con la prisa en el embozo
abrigándose bastarda- 
¡Cómo sería el espanto
que allí dejaste tu espada
drenando el trato mezquino
de quien tu voz quiso amarga!
eduardocarpio
17 de junio de 2013
Última edición: