Supe que has soñado con mis labios;
aún con el mar que nos separa,
la mañana luminosa
luce como si Mauricio Babilonia
hubiese amanecido mil veces enterrado
en el jardín del viejo edificio
donde vivo exiliado de tus besos.
Aquí nunca sé si la gente es feliz:
todos andan en una interminable sucesión
de rostros metálicos y cotidianos.
Camino en las noches de la ciudad gris,
sus luces no pueden ocultar las arrugas milenarias
en las aceras brillantes,
por donde rondan sin cesar
las putas con la mirada más triste del mundo.
La simplicidad de mis días me tiene exhausto;
tu recuerdo a media asta,
la luna extraña que pretende hablarme en otro idioma,
y mis conocidos que parecieran no hablar
de un tema mas trascendental que el fútbol.
Si volvieras a soñarme,
pon una sonrisa en mi rostro,
guardemos silencio
y no me hagas saber cuando despiertes.
aún con el mar que nos separa,
la mañana luminosa
luce como si Mauricio Babilonia
hubiese amanecido mil veces enterrado
en el jardín del viejo edificio
donde vivo exiliado de tus besos.
Aquí nunca sé si la gente es feliz:
todos andan en una interminable sucesión
de rostros metálicos y cotidianos.
Camino en las noches de la ciudad gris,
sus luces no pueden ocultar las arrugas milenarias
en las aceras brillantes,
por donde rondan sin cesar
las putas con la mirada más triste del mundo.
La simplicidad de mis días me tiene exhausto;
tu recuerdo a media asta,
la luna extraña que pretende hablarme en otro idioma,
y mis conocidos que parecieran no hablar
de un tema mas trascendental que el fútbol.
Si volvieras a soñarme,
pon una sonrisa en mi rostro,
guardemos silencio
y no me hagas saber cuando despiertes.
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