Viento de américa
Poeta adicto al portal
Hoy, 12:24 de la noche,
con los grillos por testigos,
estoy recargado
en el quicio de la puerta de mi casa,
agitado -la corretiza fue bárbara-,
semioculto detrás de mi sombra
y sonriente,
con la gustosa tranquilidad
de haberme atrevido a escribir en el puente peatonal:
Sin tus ojos,
soy como un perrito callejero atropellado en
Cuando eres un poeta a quien nadie publica,
cualquier pared es una hoja en blanco.
Sin embargo, los riesgos son claros:
policías analfabetos,
quizá uno o dos días en los separos,
la carrera clandestina
en noches claras y estrelladas,
y en el peor de los casos
que ella no sepa quién la ama.
con los grillos por testigos,
estoy recargado
en el quicio de la puerta de mi casa,
agitado -la corretiza fue bárbara-,
semioculto detrás de mi sombra
y sonriente,
con la gustosa tranquilidad
de haberme atrevido a escribir en el puente peatonal:
Sin tus ojos,
soy como un perrito callejero atropellado en
Cuando eres un poeta a quien nadie publica,
cualquier pared es una hoja en blanco.
Sin embargo, los riesgos son claros:
policías analfabetos,
quizá uno o dos días en los separos,
la carrera clandestina
en noches claras y estrelladas,
y en el peor de los casos
que ella no sepa quién la ama.