el albatros
Poeta recién llegado
Tomo las medidas para mi estatua de mar,
lejos del paraíso incestuoso de Eva.
Mis palacios de polvo a la sombra
de la rosa de los vientos,
desinflando sus secretos,pétalos dormidos,
que descifran mi pecado en una alfombra,
infinito pedestal de vello de lemur.
Extraigo las agujas del reloj
para hilar el cuento de Nunca Acabar,
con un bordado digno
de un atavío ceremonial.
Libero a un número, de un capicúa impar,
tirando del cordón mas corto,
con el café más largo, anillado,
por viajes espectrales de jabón.
Entre una caja de ahorros y una iglesia,
un holocausto camina de puntillas,
soplando suavemente un sórdido teatro,
donde las pistolas escupen diotrías.
En verano pues, lloro témpanos,
preñados de relámpagos,
que apuntalan con fuerza mis pies.
Saludo eternamente,
con la chistera en la mano, a todas,
las cosas sin carnet.
lejos del paraíso incestuoso de Eva.
Mis palacios de polvo a la sombra
de la rosa de los vientos,
desinflando sus secretos,pétalos dormidos,
que descifran mi pecado en una alfombra,
infinito pedestal de vello de lemur.
Extraigo las agujas del reloj
para hilar el cuento de Nunca Acabar,
con un bordado digno
de un atavío ceremonial.
Libero a un número, de un capicúa impar,
tirando del cordón mas corto,
con el café más largo, anillado,
por viajes espectrales de jabón.
Entre una caja de ahorros y una iglesia,
un holocausto camina de puntillas,
soplando suavemente un sórdido teatro,
donde las pistolas escupen diotrías.
En verano pues, lloro témpanos,
preñados de relámpagos,
que apuntalan con fuerza mis pies.
Saludo eternamente,
con la chistera en la mano, a todas,
las cosas sin carnet.