Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te esperé en las horas largas de esta noche sin letras en el cielo turquí. No hay ni una, por las nubes destiladas de la tormenta que me moja sentada en esta silla del parque de las aventuras. Entonces, como una más de las abandonadas, te escribo en plena lluvia con todo mi cabello mojado, goteando lágrimas vivas de aguas celestes.
Mi rostro, que yace en mirada al suelo, se cubre de las hebras mojadas y ocultan mi tristeza casi final, casi agotada por las variadas tormentas recibidas de esperarte sin que vinieras. No llegas, no estás, y por eso, al verme la gente reposar aquí, suelen decir de mí, que no puedo oír el sonido de la voz que me habla, para qué esperar. Yo a su vez les digo en mi mente, que puedo sentir el latido ínfimo de las gotas del alma en el agua, el paso retardado del que no llega y la esperanza de su volver.
Te esperé amor mío en esta silla que sirvió en mi escritura naufragada, y, cada pedacito de mi piel blanca se deshizo de milagros rotos e ilusiones de río casi cerca de la mañana. ¿Sabes? hace frío, el abrazo de tu beso no está a mi lado. Y no hay remedio en esta carta doblada de tinta y llanto, que se quedará aquí como testimonio de mi espera eterna por ti y nada más por ti.
Mi rostro, que yace en mirada al suelo, se cubre de las hebras mojadas y ocultan mi tristeza casi final, casi agotada por las variadas tormentas recibidas de esperarte sin que vinieras. No llegas, no estás, y por eso, al verme la gente reposar aquí, suelen decir de mí, que no puedo oír el sonido de la voz que me habla, para qué esperar. Yo a su vez les digo en mi mente, que puedo sentir el latido ínfimo de las gotas del alma en el agua, el paso retardado del que no llega y la esperanza de su volver.
Te esperé amor mío en esta silla que sirvió en mi escritura naufragada, y, cada pedacito de mi piel blanca se deshizo de milagros rotos e ilusiones de río casi cerca de la mañana. ¿Sabes? hace frío, el abrazo de tu beso no está a mi lado. Y no hay remedio en esta carta doblada de tinta y llanto, que se quedará aquí como testimonio de mi espera eterna por ti y nada más por ti.
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