Meti su maleta coja en el maletero del bus, le di dos besos y me despedí con una frase que se me antojo inoportuna, ella no contesto.Sin mas salí de la estación.
Apenas recuerdo nada del exterior tan solo que llovía,
notaba las gotas tan intensamente besar mi rostro y estaba tan absorto en esa sensación que era como si solo lloviese para mi. La gente resguardada bajo su paraguas o a cubierto en los portales, seguramente me tenia por loco o algo peor. Pero ellos no existían, se me había echo tan delgado el universo que apenas ocupaba unos centímetros alrededor mio.No me quedaban lagrimas pero la tormenta me presto unas cuantas, resbalaban por mis pómulos hasta la barbilla, se precipitaban al vacío y se perdian en la multitud antes de llegar al suelo. Yo las intentaba seguir en su caída como queriéndome despedir de una, de ellas. No pude.
Estaba tan sumido en mi dolor, que al llegar a la puerta del coche planté los dos pies un un charco y me cale hasta los tobillos espabilándome de golpe una sensación de incomodidad y rabia. Entre dentro del automóvil , me senté al volante y quede pensando, entonces me di cuenta de lo fuerte que latía mi corazón. Ella se había ido, no me quería y no podía hacer nada para cambiarlo.
Apenas recuerdo nada del exterior tan solo que llovía,
notaba las gotas tan intensamente besar mi rostro y estaba tan absorto en esa sensación que era como si solo lloviese para mi. La gente resguardada bajo su paraguas o a cubierto en los portales, seguramente me tenia por loco o algo peor. Pero ellos no existían, se me había echo tan delgado el universo que apenas ocupaba unos centímetros alrededor mio.No me quedaban lagrimas pero la tormenta me presto unas cuantas, resbalaban por mis pómulos hasta la barbilla, se precipitaban al vacío y se perdian en la multitud antes de llegar al suelo. Yo las intentaba seguir en su caída como queriéndome despedir de una, de ellas. No pude.
Estaba tan sumido en mi dolor, que al llegar a la puerta del coche planté los dos pies un un charco y me cale hasta los tobillos espabilándome de golpe una sensación de incomodidad y rabia. Entre dentro del automóvil , me senté al volante y quede pensando, entonces me di cuenta de lo fuerte que latía mi corazón. Ella se había ido, no me quería y no podía hacer nada para cambiarlo.