Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Cuando en tu profunda sombra
se haya quemado el último haz de mis palabras,
frente a ti quedará la penumbra del camino
con sus altos susurros de palmeras y aleros.
Cuando tus ojos se acostumbren
a esa claridad donde me quedé sin boca,
sin manos en las tuyas, sin ti pero más solo,
ya en tu mirada no te estorbarán las olas
para nadar en aires remolinados de horizonte.
Cuando tus pequeños pies enfundados en el frío
de cualquier enero sin viernes a las siete
no tropiecen con los infértiles pañuelos
que caían de las cúspides de nuestra cama,
sentirás que me has exudado de tu cuerpo
como una ternura emponzoñada y baldía,
y sacudirás de tu aliento y de tu piel
las cenizas de los mapas y los barcos,
libre ya de las fronteras que ganamos
con el alma en la punta de los dedos.
Por las grietas de mi nombre se colará la arena
y en ningún lugar de ese desierto tuyo y mío,
de mí desamparado, de ti tan pleno,
en ningún lugar de ese silencio de mí tan tuyo
te dolerá lo que ahora estoy callando.
Tomarás posesión del olvido de nadie
con lentos sorbos de libertad en tus pestañas…
Ahora imagino tus libélulas de entonces
como pavesas en torno a un resplandor;
quizá después te encienda mariposas
cuando tu rostro en nada a ti se parezca.
Y me sonreirás mariposas muy lejos de ti.
Pedro Olvera / 23 de diciembre de 2022
se haya quemado el último haz de mis palabras,
frente a ti quedará la penumbra del camino
con sus altos susurros de palmeras y aleros.
Cuando tus ojos se acostumbren
a esa claridad donde me quedé sin boca,
sin manos en las tuyas, sin ti pero más solo,
ya en tu mirada no te estorbarán las olas
para nadar en aires remolinados de horizonte.
Cuando tus pequeños pies enfundados en el frío
de cualquier enero sin viernes a las siete
no tropiecen con los infértiles pañuelos
que caían de las cúspides de nuestra cama,
sentirás que me has exudado de tu cuerpo
como una ternura emponzoñada y baldía,
y sacudirás de tu aliento y de tu piel
las cenizas de los mapas y los barcos,
libre ya de las fronteras que ganamos
con el alma en la punta de los dedos.
Por las grietas de mi nombre se colará la arena
y en ningún lugar de ese desierto tuyo y mío,
de mí desamparado, de ti tan pleno,
en ningún lugar de ese silencio de mí tan tuyo
te dolerá lo que ahora estoy callando.
Tomarás posesión del olvido de nadie
con lentos sorbos de libertad en tus pestañas…
Ahora imagino tus libélulas de entonces
como pavesas en torno a un resplandor;
quizá después te encienda mariposas
cuando tu rostro en nada a ti se parezca.
Y me sonreirás mariposas muy lejos de ti.
Pedro Olvera / 23 de diciembre de 2022