Carrizo Pacheco
Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderador Global
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"

PORTEÑISMO
Los días anochecidos, de aromas tristes,
de rostro morado por los cachetazos del viento,
por mi Buenos Aires caminan muy contentos
los trancos somnolientos de mi melancolía.
Y cada paso que doy en el vacío de las baldosas soñadoras
es el eco de una música muy mía,
baqueana artificial del tiempo…
Y aquellas décimas escritas bajo el influjo de unos zapatos,
en la inconsciencia del alma taconean de a ratos.
La arquitectura porteña
se ha levantado con mezclas mágicas;
a pesar del opaco que desdeña
algo hay en ella que encandila,
de lo contrario mis alertas pupilas
no se vencerían, no bostezarían.
Aburrida como la humedad pesada
que se respira en veraniegas madrugadas,
así fluye la imagen solitaria del ánima mía
que en estos versos queda retratada
hasta que los años hagan polvo las palabras.
Buenos Aires está hecha a mi medida.
y a la de mis versos.
Feliz casualidad para mi vida,
signo que me ha dado el Universo.
¿Qué influjo fatídico tendrá la Cruz del Sur?;
la misma que crucificó en un tango a Madame Ivonne,
la misma que, democráticamente,
encadena las andanzas de su gente:
"Quién sabe una noche me encane la muerte,
y chau Buenos Aires, ¡no te vuelvo a ver!",
piensa un compatriota que por mala suerte
ancló más allá de lo que quiso ser…
Pura bohemia cadicamiana
impregnada en los cuatro vientos.
y a la de mis versos.
Feliz casualidad para mi vida,
signo que me ha dado el Universo.
¿Qué influjo fatídico tendrá la Cruz del Sur?;
la misma que crucificó en un tango a Madame Ivonne,
la misma que, democráticamente,
encadena las andanzas de su gente:
"Quién sabe una noche me encane la muerte,
y chau Buenos Aires, ¡no te vuelvo a ver!",
piensa un compatriota que por mala suerte
ancló más allá de lo que quiso ser…
Pura bohemia cadicamiana
impregnada en los cuatro vientos.
Cada calle porteña
tiene su propia contraseña,
esa es la ventaja de tanta caminata,
descubrir la esencia misma que delata
lo que atesora mi ciudad en su linaje,
en el prestigio que nadie le mata,
hasta incorporarme a su afable paisaje
corno un cortesano de la Reina del Plata.
tiene su propia contraseña,
esa es la ventaja de tanta caminata,
descubrir la esencia misma que delata
lo que atesora mi ciudad en su linaje,
en el prestigio que nadie le mata,
hasta incorporarme a su afable paisaje
corno un cortesano de la Reina del Plata.
Desde los bajos petrolíficos de la Boca colorida y negra,
hasta los altos alabastrinos de Palermo y Barrio Norte,
no existe una distancia si ambos polos se integran
en el desliz inmensurable de mi porte.
Y constantemente queriendo me encuentro
con la clásica fragancia de libros ancianos,
con la luz milagrosa de un farol centenario,
con un rasgo anticuado que vive en pleno centro
y que aún está libre de los anticuarios…
con esos edificios que lucen la última belleza,
la que les da en su vejez la siempre joven naturaleza,
hasta que las piquetas callen la última palabra
y un cascote nos rebote en la cabeza,
tratando de advertirnos la muerte macabra...
hasta los altos alabastrinos de Palermo y Barrio Norte,
no existe una distancia si ambos polos se integran
en el desliz inmensurable de mi porte.
Y constantemente queriendo me encuentro
con la clásica fragancia de libros ancianos,
con la luz milagrosa de un farol centenario,
con un rasgo anticuado que vive en pleno centro
y que aún está libre de los anticuarios…
con esos edificios que lucen la última belleza,
la que les da en su vejez la siempre joven naturaleza,
hasta que las piquetas callen la última palabra
y un cascote nos rebote en la cabeza,
tratando de advertirnos la muerte macabra...
Parece que ser fieles testigos del pasado
ya no es una virtud, más bien es un pecado.
Lástima catastrófica para la historia,
para esa historia que somos nosotros.
Los recuerdos encarnados,
aunque ajenas memorias,
nos corresponden, no son de otros.
ya no es una virtud, más bien es un pecado.
Lástima catastrófica para la historia,
para esa historia que somos nosotros.
Los recuerdos encarnados,
aunque ajenas memorias,
nos corresponden, no son de otros.
Todo lo de ayer que hoy ya no existe:
¿dónde fue a parar?, pregunto triste,
y en el misterio del ubi sunt me aclaro:
el ayer nunca se ha marchado,
y esto no es un amargo chiste.
Sin querer nosotros hemos sido
los que de a poco hemos partido
para varar en el despiste.
Quizás por eso siempre confío
en los sabios relojes detenidos
y en las sempiternas letras de los tangos,
donde encuentro el espíritu escondido
de los tiempos que me andan reclamando.
¿dónde fue a parar?, pregunto triste,
y en el misterio del ubi sunt me aclaro:
el ayer nunca se ha marchado,
y esto no es un amargo chiste.
Sin querer nosotros hemos sido
los que de a poco hemos partido
para varar en el despiste.
Quizás por eso siempre confío
en los sabios relojes detenidos
y en las sempiternas letras de los tangos,
donde encuentro el espíritu escondido
de los tiempos que me andan reclamando.
Ariel Carrizo Pacheco
25 de agosto de 1993.
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