POSESO
Esta vida que yo vivo...
¿merecerá ser vivida?
¿No es quizas la consabida
traición de lo primitivo?
Y es que no encuentro el motivo
(-¡Es tanta la incomprensión-)
del eterno colofón
que se traduce en enfados
entre seres bien amados...
¿Y cual será la razón?
Suena el grito incomprensible
cuando lo bueno es callar,
pues no es malo doblegar
al espíritu irascible.
Y ese ardor incombustible
del vástago adolescente
ni permite ni consiente
otra razón que la suya,
a pesar de que destruya
lo que parece evidente.
Sueño con tiempos mejores...
¿Será vana mi esperanza,
o tal vez es añoranza
de momentos anteriores?
¡Cuántos son los sinsabores,
y qué pobre recompensa,
la de esa madre indefensa
que trata de recibir
lo que no quiere venir
sin suponer una ofensa!
Se instalan en tu memoria
la ternura del infante
y ese amor apasionante,
espejo de tu victoria.
Mas la vida es una noria
con frecuentes altibajos,
con satén y con andrajos
que de improviso te asaltan
y, por extraños, resaltan
como canto de arrendajos.
Incrustado en mi sofá
oigo una voz que me dice:
-¡Déjalo que cicatrice,
que muy pronto pasará!-
Y como dulce maná
llega el chico y me da un beso.
Y con un gesto travieso
acaricia mi mejilla...
Se acabó la pesadilla.
¡De su amor estoy poseso!
--..--
Chu
Esta vida que yo vivo...
¿merecerá ser vivida?
¿No es quizas la consabida
traición de lo primitivo?
Y es que no encuentro el motivo
(-¡Es tanta la incomprensión-)
del eterno colofón
que se traduce en enfados
entre seres bien amados...
¿Y cual será la razón?
Suena el grito incomprensible
cuando lo bueno es callar,
pues no es malo doblegar
al espíritu irascible.
Y ese ardor incombustible
del vástago adolescente
ni permite ni consiente
otra razón que la suya,
a pesar de que destruya
lo que parece evidente.
Sueño con tiempos mejores...
¿Será vana mi esperanza,
o tal vez es añoranza
de momentos anteriores?
¡Cuántos son los sinsabores,
y qué pobre recompensa,
la de esa madre indefensa
que trata de recibir
lo que no quiere venir
sin suponer una ofensa!
Se instalan en tu memoria
la ternura del infante
y ese amor apasionante,
espejo de tu victoria.
Mas la vida es una noria
con frecuentes altibajos,
con satén y con andrajos
que de improviso te asaltan
y, por extraños, resaltan
como canto de arrendajos.
Incrustado en mi sofá
oigo una voz que me dice:
-¡Déjalo que cicatrice,
que muy pronto pasará!-
Y como dulce maná
llega el chico y me da un beso.
Y con un gesto travieso
acaricia mi mejilla...
Se acabó la pesadilla.
¡De su amor estoy poseso!
--..--
Chu