jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
un día después de mi muerte
me cogí a la hermana de mi mujer
yo había estado ya alrededor de 12 horas
metido tranquilamente en mi ataúd
concentrado en aguantar la respiración
en mantener los ojos bien cerrados
en ir poniéndome cada vez más frío y pálido y distante
curiosamente, estar muerto me hacía sentir relajado
una especie de apatía filosófica me embargaba por completo
"por fin terminó todo, villa -me decía-
la farsa concluyó y ahora llegó la hora
de ir a encontrarse con el profundo misterio"
no se había presentado demasiada gente en el velatorio
un primo lejano
una tía todavía más lejana
un tío tan lejano que ni siquiera apareció
la hermana de mi mujer
la vecina y su esposo
ahora pasaba de las 2 de la madrugada
sólo estaban mi mujer y su hermana
cuchicheaban a un lado de mi ataúd
yo escuchaba sin demasiado interés
estoy caliente como una perra, dijo mi cuñada
ja ja ja, se escuchó la risa de mi mujer
desde que me divorcié hace 6 meses, dijo mi cuñada
no he conseguido que me den un palo decente
ja ja ja, volvió a reír mi mujer
par de putas, pensé
yo muerto y ellas hablando de sus cogidas
dicen que algunos muertos, siguió mi cuñada
se mueren con el aparato bien tieso
sí, algo he oído decir, repuso mi viuda
¿y si echamos un vistazo a tu marido?
sólo para salir de dudas
par de cerdas degeneradas, pensé
en lugar de rezarme un puto padrenuestro
luego ya no escuché nada más
supuse que habrían salido a tomar una copa
una hora más tarde se oyeron un par de tacones
alguien andaba por ahí
en eso se abrió la tapa de mi ataúd
era de esos modelos baratos de triplay de tapa corrida
un tufazo a whisky me golpeó el rostro
por nada no me pega un ataque de tos
¡qué serio te ves, cuñadito hijo de puta!
había un tono de ebriedad en la voz de mi cuñada
podía sentir la calidez de su aliento en mi cara
también podía sentir su mano en mi entrepierna
logicamente se me endureció la estaca
la mano entonces me bajó la cremallera del pantalón
la mano apretó con avidez aquella fracción resucitada de mi cuerpo
luego la mano era una boca
luego la boca era una vagina
ardía como un suave pedazo de carbón al rojo vivo
se sentía como ir deslizándose por un tobogán de lujuria
por nada no sufro un desmayo
sin embargo logré mantener la compostura
al cabo de unos minutos la tipa aflojó la carga
y una considerable cantidad de espesos jugos
antes de quitarse de encima me dio un beso
¡lástima que mañana te metan al hoyo, hijo de la chingada!
luego volvió a cerrar la tapa del cajón
el ruido de sus tacones se fue alejando
yo seguí muerto
más que antes
Última edición: