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Pregunta

Leonardo Vinci

Poeta recién llegado
Con tu mano el pelo a la saga llevaste, la luz de tu cuello se hizo presente en el aire como una galaxia que nace, como un suspiro bostezando sin tiempo. Dos saetas se arrojaron de tus ojos perforando la tiniebla con sus puntas de fuego. Yo flotaba entonces a un costado de tu imagen, mis dedos repasaban el contrapunto de la lluvia, ebrios, empapados de tierna humanidad. Sé que no me ves, que soy el producto de un ciego gritando la justicia de sus ojos frente al mar. El agua golpea inapelable los muros enamorados, rompe en frío nocturno contra sus piernas de piedra. Cae de tu pelo una diadema hecha trizas rodando por los toboganes de la memoria, ella es una niña como de siesta reproduciendo el juego de las tardes; las cintas volando en su cabeza traen esta lluvia, en el más lacrado de los silencios. La lluvia, sin ser metal ni piedra ni aguijón, duele, sin que incluso acaso nos toque, duele; es ese dolor que se impone al capricho de esperarla. Me pregunto si puede la congoja inventar a una niña, jugando entre serpentinas en una playa sin palabras.
 
Con tu mano el pelo a la saga llevaste, la luz de tu cuello se hizo presente en el aire como una galaxia que nace, como un suspiro bostezando sin tiempo. Dos saetas se arrojaron de tus ojos perforando la tiniebla con sus puntas de fuego. Yo flotaba entonces a un costado de tu imagen, mis dedos repasaban el contrapunto de la lluvia, ebrios, empapados de tierna humanidad. Sé que no me ves, que soy el producto de un ciego gritando la justicia de sus ojos frente al mar. El agua golpea inapelable los muros enamorados, rompe en frío nocturno contra sus piernas de piedra. Cae de tu pelo una diadema hecha trizas rodando por los toboganes de la memoria, ella es una niña como de siesta reproduciendo el juego de las tardes; las cintas volando en su cabeza traen esta lluvia, en el más lacrado de los silencios. La lluvia, sin ser metal ni piedra ni aguijón, duele, sin que incluso acaso nos toque, duele; es ese dolor que se impone al capricho de esperarla. Me pregunto si puede la congoja inventar a una niña, jugando entre serpentinas en una playa sin palabras.


Y me pregunto yo , de donde saca tanto talento ?
Debo confesarte en honor a la verdad, que lo puedo escuchar siempre que lo leo, porque su poesía tiene voz y declama!!!
Mas aplausos amigo.
Otro abrazo.
 

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