Profesor de filosofía, alguna vez poeta. Ni más, ni menos. Escéptico por naturaleza, con ciertos aires utópicos de su ya lejana juventud, soñaba mundos mejores donde los niños eran tratados como niños, y el metano aun no representaba un riesgo. Trataba de explicar el Fedón, sin lograrlo, porque después de todo, la sociedad del siglo XXI no estaba echa para esa clase de textos. Otra batalla sin ganar...- Pensó mientras miraba como los alumnos huían de aquellas cuatro paredes amarillas, manchadas de humedad.
Escapaba o abandonaba muy apresuradamente- aquel recinto académico, como cada mañana: Con la extraña pesadumbre de quien no sabe si saltar de un acantilado o dejarse atropellar por un tren. Entraba en el bar de la esquina, se dirigía al sector humo, como hacía ya, tantos años. Fumaba con la mirada pseudo perdida en las piernas de alguna mujer que se alejaba tras el sucio vidrio. Planeaba, escribiendo con rabia y furia en servilletas de papel, hablando consigo mismo. Porque los traumas infantiles no se borran jamás, pero se ocultan en alguna enfermedad con nombre raro, en otra personalidad
Al salir del bar esa mañana, maldijo el clima que con su llanto acido de nubes grises arruinaba sus planes de mesa de café, y su cigarrillo recién encendido. Se decidió, y con sus débiles pulmones de fumador, corrió hasta aquel lugar, y sin pensarlo dos veces, saltó.
Escapaba o abandonaba muy apresuradamente- aquel recinto académico, como cada mañana: Con la extraña pesadumbre de quien no sabe si saltar de un acantilado o dejarse atropellar por un tren. Entraba en el bar de la esquina, se dirigía al sector humo, como hacía ya, tantos años. Fumaba con la mirada pseudo perdida en las piernas de alguna mujer que se alejaba tras el sucio vidrio. Planeaba, escribiendo con rabia y furia en servilletas de papel, hablando consigo mismo. Porque los traumas infantiles no se borran jamás, pero se ocultan en alguna enfermedad con nombre raro, en otra personalidad
Al salir del bar esa mañana, maldijo el clima que con su llanto acido de nubes grises arruinaba sus planes de mesa de café, y su cigarrillo recién encendido. Se decidió, y con sus débiles pulmones de fumador, corrió hasta aquel lugar, y sin pensarlo dos veces, saltó.