Teo Moran
Poeta fiel al portal
¡Ya ves!...
Debí rasgar las cortinas del presente
y abrirlas a un futuro inestable;
debí demonizar al pasado incompleto
que llega para robarme el corazón,
debí vivir en la silueta del poniente
con los delgados y fútiles salmos
y llorar, ser parte de un destino,
ser fugaz en la parálisis de lo eterno,
resucitar del recuerdo y del olvido,
dejar al corazón huir por entre el trigal
sin nada de que arrepentirse;
debí como entonces, tal como de niño,
visitar la inocencia sin ningún temor,
desnudar el alma y también sonreír
con los alegres juegos de la niñez.
¡Ya ves!...
Hoy no suplico por lo que perdí,
no lloro por aquellos días felices
ni por la ambigüedad de tus labios,
nada cambia en la utopía del sueño,
solo con estar con vida me alcanza
aunque ya no sé a quién debo amar.
¡Ya ves!...
Detrás de un silencio queda otro,
quedan preguntas que no llevan a nada,
unas flores de papel en un macetero
inundadas por el sopor de la lluvia,
queda el aleteo delicado y sutil
de una amapola llena de suspiros,
un enjambre de días deshojados
cayendo inútilmente del calendario,
la lentitud de nuestras miradas
cuando difusas llegan a encontrarse,
sentir la arena en los pies descalzos
cuando el horizonte es parte de ti,
la efervescencia del batir de las alas,
en lo alto, tras unas líneas etéreas
que alcanzan el preludio de un beso.
¡Ya ves!...
Debí dejar abierta la mano que te ata
hoy que la noche cae plomiza en la cama,
debí desatar los nudos y dejarte escapar,
romper las cadenas que te amarran
en la opacidad de este triste puerto
y dejar a tu barco surcar el mar azul,
pero aún así me duele verte huir
con las contiendas de mis recuerdos,
ver como te elevas sin brújula al pairo
en la manchada melodía del coral
y perdurar en la fina línea del pasado.
¡Ya ves!...
Debí creer que el amor es perfecto
y llega a nosotros una sola vez,
este sin pedir nada nos da esperanza,
nos salva de nosotros mismos,
nos devuelve aquella dulce inocencia
junto a la desazón ronca de los latidos,
el sabor ardiente de unos labios fríos
que inundarán unos débiles suspiros;
debí ser un tipo algo ingenuo y bobo,
es cierto que a mi edad la templanza
forma parte de la dilación de la palabra,
pero hay días en los que camino sin miedo
deshojando la flor del pasado,
apretando fuerte los dientes
en la monotonía del presente,
y tras los salmos íntimos del recuerdo
ser parte fortuita de un futuro inexistente,
y de la nada, en lo más íntimo del alma,
sentir una sonrisa por el camino hecho...