Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Preludios sangrantes
Eran dos dioses cual más altivo,
tenían sus nombres junto a su lanza,
eran enormes gargantas blancas,
eran dos culos sin uniforme.
Y era la luna sin noche llena
y era de llena toda la noche,
que era tan luna como quisiera
la luna llena y su tardanza.
Si Marte acude, este es el caso,
la guerra empieza divina y corta,
como la vida junto al ocaso
solo el inicio nos reconforta
muerte cuando se importa
con fines para un fracaso.
¡Oh, colorado!
¡Oh, negro, negro!
¡Oh, de azul cegado!
¡Oh, de blanco cielo!
¡Oh, de claro en claro!
¡Oh, de espeso , tieso!
¡Oh, se me ha acabado!
¡Oh, el dios siniestro!
¡Oh, el otro suelo!
¡Oh, ya no hay maestro!
Tú, que dices ser dios,
y tú, que dices lo mismo;
yo, que digo vosotros,
y ellos que son de los muertos.
Los muertos, los muertos,
los muertos que voces,
los muertos miradas,
los muertos atroces,
los muertos sin alma
espíritus llenos de noche,
silencios de oscura campana
voltean preludios sangrantes
en aires solitarios que arañan.
Eran dos dioses cual más altivo,
tenían sus nombres junto a su lanza,
eran enormes gargantas blancas,
eran dos culos sin uniforme.
Y era la luna sin noche llena
y era de llena toda la noche,
que era tan luna como quisiera
la luna llena y su tardanza.
Si Marte acude, este es el caso,
la guerra empieza divina y corta,
como la vida junto al ocaso
solo el inicio nos reconforta
muerte cuando se importa
con fines para un fracaso.
¡Oh, colorado!
¡Oh, negro, negro!
¡Oh, de azul cegado!
¡Oh, de blanco cielo!
¡Oh, de claro en claro!
¡Oh, de espeso , tieso!
¡Oh, se me ha acabado!
¡Oh, el dios siniestro!
¡Oh, el otro suelo!
¡Oh, ya no hay maestro!
Tú, que dices ser dios,
y tú, que dices lo mismo;
yo, que digo vosotros,
y ellos que son de los muertos.
Los muertos, los muertos,
los muertos que voces,
los muertos miradas,
los muertos atroces,
los muertos sin alma
espíritus llenos de noche,
silencios de oscura campana
voltean preludios sangrantes
en aires solitarios que arañan.