Nat Guttlein
さん
Miras hacia abajo y notas el frío,
no es nada parecido a algo que tus ojos hayan visto,
se transforma en un nido repleto de sueños,
de una fe que se ve comida por serpientes.
Pesadas como plomo,
se contornean al ritmo de tus gemidos,
ya no hay oscuridad,
sólo humedad.
Una que sientes extenderse por los rincones de tu habitación,
que se pega en las sábanas,
que trepa poco a poco por tu garganta.
Viene en forma de vomito,
el sabor amargo en tu boca es un remedio,
dosis de repulsivo bilis.
Ése que disfrutas sintiéndolo penetrar tu lengua,
especialmente al depositar el cepillo de dientes en su lugar.
no es nada parecido a algo que tus ojos hayan visto,
se transforma en un nido repleto de sueños,
de una fe que se ve comida por serpientes.
Pesadas como plomo,
se contornean al ritmo de tus gemidos,
ya no hay oscuridad,
sólo humedad.
Una que sientes extenderse por los rincones de tu habitación,
que se pega en las sábanas,
que trepa poco a poco por tu garganta.
Viene en forma de vomito,
el sabor amargo en tu boca es un remedio,
dosis de repulsivo bilis.
Ése que disfrutas sintiéndolo penetrar tu lengua,
especialmente al depositar el cepillo de dientes en su lugar.