Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Presunción
Grande fue África, Egipto su dios;
después de milenios de mágica gracia,
nos queda un misterio que aún no murió.
Europa en la piedra, la India en su celo,
la China en la práctica, América el cielo.
Comedia tan trágica escena de un sueño
que en tierras monásticas perdió su diseño.
Cuentan los gnomos del bosque,
que hubo un tiempo lejano,
en que leones y rinocerontes
dieron paso a los señores centauros.
Dicen los enanitos,
que en aquellos prados tan verdes
habían hombres chiquitos
junto a seres de piel mastodontes,
que cantaban al árbol alegres
y danzaban al sol desnuditos.
Eran los tiempos de Qin,
donde un río llamado Amarillo,
regaba un jardín florecido
de extensa muralla sin fin.
También contaban los viejos
que hubo una torre de la confusión,
por tanta cultura en el medio
que el medio a todos tragó.
Si fueron oscuras las épocas,
de ellas tanto bebió,
aquél que anduvo sus riberas,
que el pueblo callado del nuevo señor.
Por eso quisiera ¡maderas!,
racimos, colgantes jardines, timón,
carabas en las calaveras,
y bailes de infiernos camón.
Que allí nada me espera,
y aquí la espera ilusión,
tan sólo es la raba quimera,
pez de quienes engañan
y no merecen perdón.
Si pudiera estaríais todos en la cárcel,
sin ventanas,
para que no pudierais observar
la luz de la libertad,
y tuvierais frente a frente,
la muestra intramuros
de vuestra propia oscuridad.
Que el mal existe,
y vosotros sois la causa,
que si hay delincuente
es por una mala justicia;
un rasero diferente
que ampara al reo,
no por creerlo inocente,
sino para ser potente
el compromiso; y leo,
la presunción que es siempre
puramente un creo,
se extraña si es un feo
decir de ley incompetente.
Así el ateo y el creyente,
por el fuero que nos es fuero,
uno en misa y otro lente,
todos quieren ver el mismo
justo sol entre la gente.
Es algo muy confuso
y mi espada tiembla ardiente;
es un juego, y es su uso,
un derecho de contente,
y un servicio de algo incluso
cuya caries nunca miente.