tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Prevalecer sobre todo, la vida no me es indiferente
Una frase hecha, llena de infundamentos básicos, plena de cursilería, en fin, palabras vacías, llenas de nada podría decir, sin quizás un sentido aparente, y que al mismo tiempo poseen un caudal de ansiedad hípersensible, bajo una sucesión de estímulos emocionales, que jamás se nos ocurriría hablar de la muerte pensando en nuestra persona, siempre pensamos en la muerte en función del otro, en lo que le pasó, o en lo que le podría pasar al otro.
Creo que el solo deseo de perpetuidad en sí mismo, es un acto de egoísmo supremo, si citamos esta misma frase.
Prevalecer sobre todo, la vida no me es indiferente
Y la reubicamos en una situación contextual diferente, relacionada con la familia que hemos formado, o la orientamos en función de los sueños, que supimos conseguir, después de ardua lucha y que además éstos, hayan involucrado a terceros, ya dejaría de ser un egoísmo, para pasar a ser un egoísmo crónico, implantándoles un chip de sobredosis de perpetuidad, a nuestro séquito. Confundiendo amor y de esperanza para vernos reflejados y o perpetuados en nuestra obra, por nuestros condescendientes, familiares, admiradores, seguidores o alumnos.
Bueno, como sea, y prorrateando mi momenticidad absoluta advierto que en diferentes oportunidades, me he redescubierto en auto escuchas de este tipo, yo que siempre me jacté de antiadicción por la vida misma no por suicida, ni por sufrir depresión monopolar, sino por el contrapunto del antitodismo.
Esto me hace pensar en mis grandes momentos de soledad, esos que todos solemos tener, que por otro lado disfruto muchísimo, me llevó a retrotraerme en la caminata de hoy por la tarde cuando volvía del trabajo, y por esas cosas que tiene la mente viva de una persona pensante y sonante, común y corriente, se me incrustó repentinamente de lleno en el cerebelo una secuencia de la película protagonizada por Robert Deniro, TODOS ESTÁN BIEN, que hablaba de un padre de 4 hijos, que colocaba instalaciones eléctricas en los diferentes pueblos y en paralelo de las vías del tren.
Un padre tosco, parco, exigente para con sus hijos, que les obligaba a sus hijos que en el futuro deberían triunfar en la vida, echándole en cara su esfuerzo para costear sus estudios, a pesar su magra educación.
La cual hablaba de su entero egoísmo y fracaso, machacando en sus hijos, sus propias miserias, su miedo al fracaso y un montón más de fobias invisibles.
Resumiendo, ninguno de sus hijos logró los objetivos que él les había impuesto, siendo el menor un pintor, al que él mismo fomentaba a ser un artista reconocido, tampoco lo hizo, y es mas murió de sida, y su mejor obra, olvidada en un sótano de una tienda de arte, fueron los postes de luz al costado del tren de los que siempre hablaba su padre.
Una vez dándose cuenta de sus errores, vio que lo más importante de la vida era que todos sus hijos estén bien, con lo que son y los aceptó y valoró, con su vida común de hombres comunes, y pudo ser feliz con esas pequeñas cosas de la vida.
Este pensamiento en mi caminata de hoy, hizo que cayera una lágrima por mi cara, las emociones que guardamos de los momentos vividos, desde nuestra observación, o desde nuestra acción, son indispensables para mantener los sueños en vilo, y nuestros sentimientos mas vivos que nunca.
Una frase hecha, llena de infundamentos básicos, plena de cursilería, en fin, palabras vacías, llenas de nada podría decir, sin quizás un sentido aparente, y que al mismo tiempo poseen un caudal de ansiedad hípersensible, bajo una sucesión de estímulos emocionales, que jamás se nos ocurriría hablar de la muerte pensando en nuestra persona, siempre pensamos en la muerte en función del otro, en lo que le pasó, o en lo que le podría pasar al otro.
Creo que el solo deseo de perpetuidad en sí mismo, es un acto de egoísmo supremo, si citamos esta misma frase.
Prevalecer sobre todo, la vida no me es indiferente
Y la reubicamos en una situación contextual diferente, relacionada con la familia que hemos formado, o la orientamos en función de los sueños, que supimos conseguir, después de ardua lucha y que además éstos, hayan involucrado a terceros, ya dejaría de ser un egoísmo, para pasar a ser un egoísmo crónico, implantándoles un chip de sobredosis de perpetuidad, a nuestro séquito. Confundiendo amor y de esperanza para vernos reflejados y o perpetuados en nuestra obra, por nuestros condescendientes, familiares, admiradores, seguidores o alumnos.
Bueno, como sea, y prorrateando mi momenticidad absoluta advierto que en diferentes oportunidades, me he redescubierto en auto escuchas de este tipo, yo que siempre me jacté de antiadicción por la vida misma no por suicida, ni por sufrir depresión monopolar, sino por el contrapunto del antitodismo.
Esto me hace pensar en mis grandes momentos de soledad, esos que todos solemos tener, que por otro lado disfruto muchísimo, me llevó a retrotraerme en la caminata de hoy por la tarde cuando volvía del trabajo, y por esas cosas que tiene la mente viva de una persona pensante y sonante, común y corriente, se me incrustó repentinamente de lleno en el cerebelo una secuencia de la película protagonizada por Robert Deniro, TODOS ESTÁN BIEN, que hablaba de un padre de 4 hijos, que colocaba instalaciones eléctricas en los diferentes pueblos y en paralelo de las vías del tren.
Un padre tosco, parco, exigente para con sus hijos, que les obligaba a sus hijos que en el futuro deberían triunfar en la vida, echándole en cara su esfuerzo para costear sus estudios, a pesar su magra educación.
La cual hablaba de su entero egoísmo y fracaso, machacando en sus hijos, sus propias miserias, su miedo al fracaso y un montón más de fobias invisibles.
Resumiendo, ninguno de sus hijos logró los objetivos que él les había impuesto, siendo el menor un pintor, al que él mismo fomentaba a ser un artista reconocido, tampoco lo hizo, y es mas murió de sida, y su mejor obra, olvidada en un sótano de una tienda de arte, fueron los postes de luz al costado del tren de los que siempre hablaba su padre.
Una vez dándose cuenta de sus errores, vio que lo más importante de la vida era que todos sus hijos estén bien, con lo que son y los aceptó y valoró, con su vida común de hombres comunes, y pudo ser feliz con esas pequeñas cosas de la vida.
Este pensamiento en mi caminata de hoy, hizo que cayera una lágrima por mi cara, las emociones que guardamos de los momentos vividos, desde nuestra observación, o desde nuestra acción, son indispensables para mantener los sueños en vilo, y nuestros sentimientos mas vivos que nunca.