Anne_
I killed Bukowski.
Desde la primavera
vengo arrastrando un par de zapatillas roídas,
que cubren un par de piececes,
cabizbajos.
El sol me ha cuarteado los mocos,
y ya no lloro más que el polvo
que me obsequian los camioneros.
Mucha gente dice que hizo mal antes, yo no sé,
le disparé a alguien, y luego a otro alguien,
y a otro alguien más.
Mis padres nunca se divorciaron,
hubiera sido la excusa perfecta
para explicar porque tuve que pedir monedas,
limpiar parabrisas y aprender de cajas.
Quizá sea una mala persona,
como los policías corruptos,
y los profesores que miran los pechos
de sus alumnas.
Un día me dijeron hola, y me dieron de comer,
no sé qué es el mundo, no tengo respuestas.
Llamé a casa y siempre sonaba ocupado,
me cubrí del frío con la oscuridad,
una mañana creí sentir a Jesús,
pero sólo era mi angustia.
Tuve nieve en el cerebro,
sin bastones de caramelo,
y huevos de chocolate.
Ahora indago en el polvo,
los rastros que pude no haber seguido,
y nada asegura que tipo de arrugas tendré,
ni a qué velocidad caminaré
entre los nuevos centros comerciales
o si al final, alguien me dispare a la orilla del rio,
y quede ahí, quieta
entre los lamento de las piedras
y el canto del agua sorda a mi sangre.
Mucha gente dice que hizo mal antes, yo no sé,
le disparé a alguien, y luego a otro alguien,
y a otro alguien más.
vengo arrastrando un par de zapatillas roídas,
que cubren un par de piececes,
cabizbajos.
El sol me ha cuarteado los mocos,
y ya no lloro más que el polvo
que me obsequian los camioneros.
Mucha gente dice que hizo mal antes, yo no sé,
le disparé a alguien, y luego a otro alguien,
y a otro alguien más.
Mis padres nunca se divorciaron,
hubiera sido la excusa perfecta
para explicar porque tuve que pedir monedas,
limpiar parabrisas y aprender de cajas.
Quizá sea una mala persona,
como los policías corruptos,
y los profesores que miran los pechos
de sus alumnas.
Un día me dijeron hola, y me dieron de comer,
no sé qué es el mundo, no tengo respuestas.
Llamé a casa y siempre sonaba ocupado,
me cubrí del frío con la oscuridad,
una mañana creí sentir a Jesús,
pero sólo era mi angustia.
Tuve nieve en el cerebro,
sin bastones de caramelo,
y huevos de chocolate.
Ahora indago en el polvo,
los rastros que pude no haber seguido,
y nada asegura que tipo de arrugas tendré,
ni a qué velocidad caminaré
entre los nuevos centros comerciales
o si al final, alguien me dispare a la orilla del rio,
y quede ahí, quieta
entre los lamento de las piedras
y el canto del agua sorda a mi sangre.
Mucha gente dice que hizo mal antes, yo no sé,
le disparé a alguien, y luego a otro alguien,
y a otro alguien más.