ONICE
Poeta fiel al portal
He dibujado el otoño en letras. Lo he desmenuzado en sensaciones, en emociones acurrucadas en mi interior tantas y tantas veces... y sin embargo, ahora mismo soy incapaz de poder pintar, de dar color con metáforas, a los aromas y las esencias de la primavera... Se engarrotan los dedos, las yemas no sienten la pluma ni el alma vibra ni se perfuma con el aire fresco, floral, matutino, que embadurna los días dándoles esa vitalidad, ese calor que desprende vida...
No hay verdor en el paisaje. ni se escucha el murmullo de las olas cuando rompen a la orilla. No encuentro sonrisas, tan solo algunas que de cuando en cuando, se escapan, yendo a la velocidad de la luz, perdiéndolas al instante y sólo algunas de ellas, quedan cómo un flash, grabados en mi mente.
La primavera es de un cielo gris, dónde las estrellas permutan dejando de ser incandescentes; ya no embrujan las miradas ni forman un firmamento único ( en esplendor), ya no iluminan ni enriquecen a los ojos.
No escucho el canto de los gorriones al amanecer, -esa melodía que acariciaba mis tímpanos-.Tan sólo escucho, los golpes de martillo, que suenan como música estruendosa en la casa de al lado. Sólo percibo el gélido y frío helor que causa la ciudad de cemento.
No veo la alegría, no traspasa a las emociones, no siento su cosquilleo en la piel, ni se acurruca adormecida en la cama; tan solo, veo deslizarse a la tristeza cada noche por mi almohada, como si fuese una escurridiza serpiente venenosa, que se deja atrapar y se arrastra con impetuosidad, hasta conseguir enrollarse en la garganta, asfixiando, matando y ahogando felicidades del ayer.
Florecen las flores, las rosas, pero su aromas siguen dormidos; sus colores y sus tallos, perecen antes de abrirse al mundo en su estado mas bello y puro.
La primavera está dormida.
No se enreda la brisa en la cara ni el sol calienta los días. Yo, juego con el sol. Con esa gran bola amarilla que el mundo sostiene. Le desafío a mirarle a sus ojos y los míos, no cesan de contemplarlo hasta que siento que se abrasan mis pupilas. Me da igual. Me importa un bledo que me queme los ojos, que los deje sin ver ya, ningún amanecer...
Antes los amaneceres, eran alimento para el alma. para mi ser.
Ahora, ya no son de color anaranjado. No tienen brillo al despertar. Ya no cantan las pequeñas aves ni los gallos regalan el comienzo de un nuevo día. Ni siquiera el oleaje se viste con su propia brisa y los corales ya no muestran sus colores arco-iris.
Quiero dormir. Cerrar los párpados y soñar con un vacío donde mi cuerpo flote. Tal vez, en esa nube que nadie ve, deje de sentir como la vida me araña, aprisionándome todos mis órganos vitales. Quiero cerrar los ojos y dejar de sentirme muerta en vida...
Alomejor, consigo despertar algún mañana y sobre mi almohada, una rosa roja de tallo largo, verde, sin espinas, este posada junto a mí, regalándome su aroma primaveral... Tal vez, solo tal vez, (si esto sucede), será cuando la tristeza abrace a esta soledad y con sus manos apretadas, se alejen dejándome ver de nuevo entrar los rayos de sol... a acariciar mi almohada.
ONICE
No hay verdor en el paisaje. ni se escucha el murmullo de las olas cuando rompen a la orilla. No encuentro sonrisas, tan solo algunas que de cuando en cuando, se escapan, yendo a la velocidad de la luz, perdiéndolas al instante y sólo algunas de ellas, quedan cómo un flash, grabados en mi mente.
La primavera es de un cielo gris, dónde las estrellas permutan dejando de ser incandescentes; ya no embrujan las miradas ni forman un firmamento único ( en esplendor), ya no iluminan ni enriquecen a los ojos.
No escucho el canto de los gorriones al amanecer, -esa melodía que acariciaba mis tímpanos-.Tan sólo escucho, los golpes de martillo, que suenan como música estruendosa en la casa de al lado. Sólo percibo el gélido y frío helor que causa la ciudad de cemento.
No veo la alegría, no traspasa a las emociones, no siento su cosquilleo en la piel, ni se acurruca adormecida en la cama; tan solo, veo deslizarse a la tristeza cada noche por mi almohada, como si fuese una escurridiza serpiente venenosa, que se deja atrapar y se arrastra con impetuosidad, hasta conseguir enrollarse en la garganta, asfixiando, matando y ahogando felicidades del ayer.
Florecen las flores, las rosas, pero su aromas siguen dormidos; sus colores y sus tallos, perecen antes de abrirse al mundo en su estado mas bello y puro.
La primavera está dormida.
No se enreda la brisa en la cara ni el sol calienta los días. Yo, juego con el sol. Con esa gran bola amarilla que el mundo sostiene. Le desafío a mirarle a sus ojos y los míos, no cesan de contemplarlo hasta que siento que se abrasan mis pupilas. Me da igual. Me importa un bledo que me queme los ojos, que los deje sin ver ya, ningún amanecer...
Antes los amaneceres, eran alimento para el alma. para mi ser.
Ahora, ya no son de color anaranjado. No tienen brillo al despertar. Ya no cantan las pequeñas aves ni los gallos regalan el comienzo de un nuevo día. Ni siquiera el oleaje se viste con su propia brisa y los corales ya no muestran sus colores arco-iris.
Quiero dormir. Cerrar los párpados y soñar con un vacío donde mi cuerpo flote. Tal vez, en esa nube que nadie ve, deje de sentir como la vida me araña, aprisionándome todos mis órganos vitales. Quiero cerrar los ojos y dejar de sentirme muerta en vida...
Alomejor, consigo despertar algún mañana y sobre mi almohada, una rosa roja de tallo largo, verde, sin espinas, este posada junto a mí, regalándome su aroma primaveral... Tal vez, solo tal vez, (si esto sucede), será cuando la tristeza abrace a esta soledad y con sus manos apretadas, se alejen dejándome ver de nuevo entrar los rayos de sol... a acariciar mi almohada.
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