Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
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No era la primavera
como todas las demás primaveras;
no cantaban ruiseñores,
no olían flores...
No se sentía más que un tremendo frío.
Los rayos del sol temprano y algo tímido
no calentaban lo suficientemente la tierra
y la gente se preguntaba si habrá este año el verano.
Especialmente dentro de los muros de piedra y ladrillo
faltaba calor - y toda vida congelada
seguía durmiendo, esperando por una época mejor.
Anoche, la luna salía
para iluminar los senderos
de las almas perdidas
las que bajo los cielos
no encontraban jamás su lugar.
Brillaban las estrellas y el viento cantaba,
bailaban las olas del mar...
Y fue primavera la prolongación del invierno.
[04/06/2013]
No era la primavera
como todas las demás primaveras;
no cantaban ruiseñores,
no olían flores...
No se sentía más que un tremendo frío.
Los rayos del sol temprano y algo tímido
no calentaban lo suficientemente la tierra
y la gente se preguntaba si habrá este año el verano.
Especialmente dentro de los muros de piedra y ladrillo
faltaba calor - y toda vida congelada
seguía durmiendo, esperando por una época mejor.
Anoche, la luna salía
para iluminar los senderos
de las almas perdidas
las que bajo los cielos
no encontraban jamás su lugar.
Brillaban las estrellas y el viento cantaba,
bailaban las olas del mar...
Y fue primavera la prolongación del invierno.
[04/06/2013]