• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Primera luz del día

Z. Gómez

Poeta recién llegado
Pronuncio tu nombre en el instante mismo
en que se hace el sol.
Existo
con la claridad de tus letras,
con la blancura de tu esencia,
y me enfilo hacia los campos de siembra
que en lo alto de aquella montaña
a diario debo labrar.

Escondo mis ojos
en la frialdad ensayada
de un ordinario saludo;
pero en verdad mi reloj se detiene,
cuando desde abajo contestas
con esa humildad
que tu condición
a la mía profiere:

Estos sembradíos respetan
a quien más ha cosechado,
y mi haz ya lleva heno
cuando el tuyo apenas trigo.

La distancia es mi cómplice,
pero tan pronto te muestras
las 12:00 se vuelven las 6:30.
Tu figura atraviesa ligera
por todo el espacio
y viene hacía mí...

Estoy loco al desear que tu cuerpo
haga añicos mis huesos;
que tu pecho se estrelle
justo en medio del mío
y descanses tu rostro
mientras te puedo abrazar.

Pero pasas de lado en un lento continuum;
tu energía me deja la brisa
que perfuma mi alma,
y aunque permanezco inmóvil,
mi mano desdobla
intentando tomarte.

Es tarde.

Mis reflejos son lentos,
y para cuando aterrizo
tú ya estás con los de tu clase.

Un gesto, un movimiento ingenuo,
o al menos esos saltitos
que en tu mismo lugar te pones a dar
moviendo el cabello
a un lado y al otro.
Eso es suficiente para alegrarme mi día.

Disfruto cada sonrisa,
cualquier petición que diriges a mí.
Casi desmayo
cuando tus labios me piden
que tome tu mano
y te enseñe a segar...

Pero por supuesto sé
que eso es todo lo que puedo, y no más:
Mi pueblo es muy distinto a tu pueblo
y aquél no me perdonaría
si llegara a saber
lo que siento.

Cómo decir que de espigas
yo ya he cortado el doble...
y más.

Cómo explicar que yo he venido a estas tierras
ya más de treinta veces...
cuando tú tan sólo quince.

¡Maldita montaña de los campos de trigo!
¿Por qué tuve que subir antes que tú?
cómo quisiera volver en mis pasos,
descender
para regresar el nivel de su arena.

-¡Ah!-
confesarte que muero por un beso tuyo
sin miedo a ser lapidado
por mi gente;
por mi dios.



Z. Gómez

 
Última edición:
Qué dulzura este poema entre bucólico y descriptivo de la cultura del trabajo, de la tierra y hasta de la inocencia.

Pude imaginar cada situación, cada escena del deseo y de la espera.

Bienvenidos sean tus versos nuevos para mí y que las estrellas alumbren tus sembradíos poéticos.

Un saludo afectuoso desde Buenos Aires.
 
Z. Gómez;2242505 dijo:
Pronuncio tu nombre en el instante mismo
en que se hace el sol.
Existo con la claridad de tus letras,
con la blancura de tu esencia,
y me enfilo hacia los campos de siembra
que en lo alto de aquella montaña
a diario debo labrar.


Escondo mis ojos
en la frialdad ensayada
de un ordinario saludo;
pero la realidad es que
mi reloj se detiene
cuando desde abajo contestas
con la humildad que tu condición
a la mía profiere:
Estos sembradíos respetan
al que más ha cosechado
y mi haz ya lleva heno
cuando el tuyo apenas trigo.


La distancia es mi cómplice,
pero tan pronto te muestras
las 12:00 se vuelven las 6:30.
Tu figura atraviesa ligera
por todo el espacio
y viene hacía mí...
Estoy loco al desear que tu cuerpo
haga añicos mis huesos;
que tu pecho se estrelle
justo en medio del mío
y descanses tu cabeza
mientras te puedo abrazar.


Pero pasas de lado en un lento continuum;
tu energía me deja la brisa
que perfuma mi alma
y aunque permanezco inmóvil,
mi mano desdobla
intentando tomarte.
Es tarde;
mis reflejos son lentos
y para cuando aterrizo
tú ya estás con los de tu clase.


Un gesto, un movimiento ingenuo,
tan sólo esos saltitos
que en tu mismo lugar te pones a dar
mientras mueves tu cabeza
a un lado y a otro.
Eso es suficiente para alegrarme mi día.
Disfruto cada sonrisa,
la mínima petición que diriges a mí.
Casi desmayo
cuando tus labios me piden
que tome tu mano
y te enseñe a segar...


Pero por supuesto sé
que eso es todo lo que puedo, y no más:
Mi pueblo es muy distinto a tu pueblo
y aquél no me perdonaría
Si llegara a saber
lo que siento.


¡Maldita montaña de los campos de trigo!
¿Por qué tuve que subir antes que tú?
cómo quisiera volver en mis pasos,
descender para regresar el nivel de su arena,
-¡Ah!- confesarte que muero por un beso tuyo
sin miedo a ser lapidado
por mi gente;
por mi dios.



Muy original y sensual, cada destello lo es, grato leerle
 
Atrás
Arriba