IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Talladora valiente,
sapiente y obstinada mujer:
el placer ha de iluminar,
también tus dulces frutos.
¡La noche, que clama:
un suspiro!…
la hermosura
de encontrar en su espesura
un comienzo mayor.
Mas no desespere
su pulcra certeza:
no todo en su rumbo
sin crianza se va;
usted conducirá siempre
la viveza nuestra,
latiendo entre luz carnosa,
nuestra calma profusa será
¡la sola querida en ternura primera,
siempre naciente mamá!
Pasando los años,
pasando las décadas,
seremos aún alumnos,
merecidos tal vez…
¡mas nunca los errores
más imposibles o continuos
marchitan del todo
la raizada bondad!
Sin miedo, a los astros,
que constantes conservan,
la nacarada, divina,
nostalgia filial,
cual incólume
dicción sagrada,
su imagen, amada,
tendrá su memoria dorada.
Y allí donde quieras
tu fiel perceptiva, claridad,
evidencia en nuestras vidas,
alzar nuestra propia y vuestra,
logia al tibio regazo,
maternidad en cada ser,
Seremos matriz de cielos vastos,
cuando impulsemos tiempos nuevos,
complacidos del vientre paciente,
entre tus senos esmerados,
orientando al latido de tus latidos,
hacia su adorado fervor,
su templanza ha de alzarse,
por sobre todo mar negro,
Será la decencia del firmamento,
esperanza omnipotente,
para el oído de mares, ahora quietos,
imaginando, perseverantes,
con geometría exacta,
su reclamada libertad,
Mas no desespere
su pulcra certeza:
no todo en su rumbo
sin crianza se va;
usted conducirá siempre
la viveza nuestra,
latiendo entre luz carnosa,
nuestra calma profusa será
¡la sola querida en ternura primera,
siempre naciente mamá!.
sapiente y obstinada mujer:
el placer ha de iluminar,
también tus dulces frutos.
¡La noche, que clama:
un suspiro!…
la hermosura
de encontrar en su espesura
un comienzo mayor.
Mas no desespere
su pulcra certeza:
no todo en su rumbo
sin crianza se va;
usted conducirá siempre
la viveza nuestra,
latiendo entre luz carnosa,
nuestra calma profusa será
¡la sola querida en ternura primera,
siempre naciente mamá!
Pasando los años,
pasando las décadas,
seremos aún alumnos,
merecidos tal vez…
¡mas nunca los errores
más imposibles o continuos
marchitan del todo
la raizada bondad!
Sin miedo, a los astros,
que constantes conservan,
la nacarada, divina,
nostalgia filial,
cual incólume
dicción sagrada,
su imagen, amada,
tendrá su memoria dorada.
Y allí donde quieras
tu fiel perceptiva, claridad,
evidencia en nuestras vidas,
alzar nuestra propia y vuestra,
logia al tibio regazo,
maternidad en cada ser,
Seremos matriz de cielos vastos,
cuando impulsemos tiempos nuevos,
complacidos del vientre paciente,
entre tus senos esmerados,
orientando al latido de tus latidos,
hacia su adorado fervor,
su templanza ha de alzarse,
por sobre todo mar negro,
Será la decencia del firmamento,
esperanza omnipotente,
para el oído de mares, ahora quietos,
imaginando, perseverantes,
con geometría exacta,
su reclamada libertad,
Mas no desespere
su pulcra certeza:
no todo en su rumbo
sin crianza se va;
usted conducirá siempre
la viveza nuestra,
latiendo entre luz carnosa,
nuestra calma profusa será
¡la sola querida en ternura primera,
siempre naciente mamá!.