Princesa de tiempos remotos,
sentada en tu tedio,
observas a través de la ventana
de tu triste y frío castillo,
el paisaje que siempre es el mismo,
Como estatua de mármol,
como frío recipiente,
pareces a los ojos
de aquéllos que tienes enfrente.
Pero dentro de la imagen
del icono que representas,
sueñas,
porque el sueño es libre
y vuela alto a salvo de reproches,
de restricciones, de pesares,
ansiando lo que el linaje,
aquello que tu condición te negó,
y que se puede traducir,
como necesidad de amor.
Y en tus pensamientos ocultos
Eres águila que atraviesa el cielo,
que se zambulle en las nubes
y que busca a su pareja
para acercarse a las cumbres
y entre las altas montañas,
Un nido, entre los dos formar.
Y también eres pez
que llegas al mar;
sus profundidades recorres
entre estrellas, corales y algas,
mientras danzas con las olas
respirando con tus branquias
la libertad.
Sueñas que eres campesina
que siente el sol de la tarde
después de realizar su tarea
y que abrazas al que es tu marido
sintiendo que la paz y la alegría
es una sensación tan cercana,
que incluso alguien como tú,
en su pedestal lejano,
pudiese alcanzar.
“¡Cabalga hasta mí, amor!
Quiero vivir la realidad.
No me importa
que caballero o plebeyo seas;
sólo que mi alma puedas tocar,
que el cristal que me rodea se alpe
y que ya nada mi voz pueda callar.
Ser libre entre tus brazos.
Mis miedos, por fin, abandonar.”
sentada en tu tedio,
observas a través de la ventana
de tu triste y frío castillo,
el paisaje que siempre es el mismo,
Como estatua de mármol,
como frío recipiente,
pareces a los ojos
de aquéllos que tienes enfrente.
Pero dentro de la imagen
del icono que representas,
sueñas,
porque el sueño es libre
y vuela alto a salvo de reproches,
de restricciones, de pesares,
ansiando lo que el linaje,
aquello que tu condición te negó,
y que se puede traducir,
como necesidad de amor.
Y en tus pensamientos ocultos
Eres águila que atraviesa el cielo,
que se zambulle en las nubes
y que busca a su pareja
para acercarse a las cumbres
y entre las altas montañas,
Un nido, entre los dos formar.
Y también eres pez
que llegas al mar;
sus profundidades recorres
entre estrellas, corales y algas,
mientras danzas con las olas
respirando con tus branquias
la libertad.
Sueñas que eres campesina
que siente el sol de la tarde
después de realizar su tarea
y que abrazas al que es tu marido
sintiendo que la paz y la alegría
es una sensación tan cercana,
que incluso alguien como tú,
en su pedestal lejano,
pudiese alcanzar.
“¡Cabalga hasta mí, amor!
Quiero vivir la realidad.
No me importa
que caballero o plebeyo seas;
sólo que mi alma puedas tocar,
que el cristal que me rodea se alpe
y que ya nada mi voz pueda callar.
Ser libre entre tus brazos.
Mis miedos, por fin, abandonar.”