Credenda
Poeta recién llegado
PRINCESITA
Pisas tu suerte y llenas tu voz de tierra, al toque de diana pareces resucitar: andas, trotas, y corres de aquí hacia allá. Atiendes a tu rebaño, te enemistas con la tarde, la luna, el sol, ―¿alguien te ha dado las gracias?― ni siquiera aquél macho sin nombre. Ése, que deja en cada parte de ti lienzos de sangre, aquel que alimentas: con tu vientre, con el maná de cada día, ese Barrabás: lleno tu útero de vida. Vida a cambio de aliento y ahora tu mirada es de nieve, tu piel se derrite. Ves pasar esa suerte que nunca llego a ti, tus ojos delatan años, la mirada enuncia tu nombre: Dolores
Pisas tu suerte y llenas tu voz de tierra, al toque de diana pareces resucitar: andas, trotas, y corres de aquí hacia allá. Atiendes a tu rebaño, te enemistas con la tarde, la luna, el sol, ―¿alguien te ha dado las gracias?― ni siquiera aquél macho sin nombre. Ése, que deja en cada parte de ti lienzos de sangre, aquel que alimentas: con tu vientre, con el maná de cada día, ese Barrabás: lleno tu útero de vida. Vida a cambio de aliento y ahora tu mirada es de nieve, tu piel se derrite. Ves pasar esa suerte que nunca llego a ti, tus ojos delatan años, la mirada enuncia tu nombre: Dolores