BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y aunque haya un sufrimiento, aquí,
de rodillas para abajo, y todo exista
gracias al firmamento circular que permite
su eficacia consumida, es aquí, donde
el hielo se disuelve, donde las piernas se quiebran
como fortalezas comunes, es el hombre, o su hijo,
el que acomete ruedas combativas de molino, y sangres
de mesnadas indolentes. Se afirma, con mucho dolor,
el uniforme cansancio de los dioses invasivos, y se restaura
la comitiva que apacienta rebaños soñolientos entre adormecidos
cristales. Entre danzas definitivas, ruidos alcohólicos,
sueños rectangulares, sonidos de agua catapultada,
existe un ritmo trivial, un monarca que augura su delantal
sucio, y ese mono de obligadas sonrisas.
Aunque todo ruede, sí, por las primaveras inclinadas y agotadas,
de las rodillas y de las rótulas ignoradas, vacío la noche y el silencio
con prisiones de palabras-.
©
de rodillas para abajo, y todo exista
gracias al firmamento circular que permite
su eficacia consumida, es aquí, donde
el hielo se disuelve, donde las piernas se quiebran
como fortalezas comunes, es el hombre, o su hijo,
el que acomete ruedas combativas de molino, y sangres
de mesnadas indolentes. Se afirma, con mucho dolor,
el uniforme cansancio de los dioses invasivos, y se restaura
la comitiva que apacienta rebaños soñolientos entre adormecidos
cristales. Entre danzas definitivas, ruidos alcohólicos,
sueños rectangulares, sonidos de agua catapultada,
existe un ritmo trivial, un monarca que augura su delantal
sucio, y ese mono de obligadas sonrisas.
Aunque todo ruede, sí, por las primaveras inclinadas y agotadas,
de las rodillas y de las rótulas ignoradas, vacío la noche y el silencio
con prisiones de palabras-.
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