Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Creo a partir de lo que captan los sentidos
-esa palabra tiene tántas acepciones...-
Me imagino un mundo sin pensamientos.
La verdad no resulta interesante porque muchos la persiguen.
Hay en mi organismo miles o millones de células muertas.
Y mi filosofía es un arte del que conviene no abusar.
No digo que nadie nos haya dotado de inteligencia.
Tampoco digo lo que no pienso.
Lo que no siento -qué es el sentimiento sino una identificación subjetiva con lo que percibimos-.
He recorrido veces y veces un laberinto sin salida.
No siempre he sido como soy.
Pero el amor me pierde.
Ya he loqueado por alguna mujer, y todavía sigo cuerdo.
Intentaron cambiarme, o directamente no les gustó mi cambio.
Y es que a veces soy como una veleta.
Y como el viento, penetro en cualquier estado.
Parece que alguien se apodera de mis palabras.
Que algo tiene control sobre mí.
Ello significaría un alivio, de no ser por la cantidad de conceptos que rulan por ahí.
No escribo poesía para olvidarte, sino que lo hago inconscientemente.
No necesito tiempo para pasar de página, simplemente leo mi punto de partida.
El espejo no me recuerda a ti, tampoco las ventanas emergentes e indeseadas en mi celular.
Malgasto mi vida en palabras malparidas.
En palabras que molestan.
Mis textos son fruto de mis deseos.
Aunque se escondan, puedo verlos.
A veces Dios me da el coñazo.
Llego a la nada, al insulto al absurdo.
Pero ahí me entra un vértigo de cojones.
No puedo idealizarme si no puedo frecuentar ese estado.
Solo puede durar unos segundos.
Unos pocos segundos para levantar la cabeza de mis rodillas.
Para decir ciertas cosas que son inverosímiles.
Procedo de la nada, a mi manera o a la suya.