marquelo
Negrito villero
En la planicie del espejo
una palabra de cuervos se desgarra
en señales equivalentes
a las penumbras que caen
desde la cabeza del dolor a los pies.
Todo llanto es un tragedia de calendario
que marcan los ojos
pestañeando las persianas.
La marcha del tambor entre las venas
el obelisco del dedo en medio de la calzada
y todas las extremidades que tienen las hojas
para huir de la ciudad.
Cuando el hombre se cayó sobre la falda
de Dios no resbaló
hizo jirones el vestido de pan y barbas
y fermentó toda abyección sobre el aullido de los lobos.
La felicidad es una historia de comercial
tan efímera que cuando la vemos ya es más
un recuerdo que una visión.
¿Es aquí cuando escribo algo de amor
y abro la boletería del cielo para saber que hay función?
Ella fue aquel paso que se refrescó con la palabra que mojó sus labios
cierto espejismo que se construye con la brisa del aire
cierto sueño que vive eternamente entre mis libros.
El día apaga su última vela
sin deseos
escondiendo su sonrisa en la oscuridad.
Lobos con sus colas derrotadas.
Amaneceres encogiéndose de hombros.
Nada nadie sabe nada
todos se miran preguntándose a dónde está el tesoro
El silencio es una madre extendiendo sus alas blancas...
una palabra de cuervos se desgarra
en señales equivalentes
a las penumbras que caen
desde la cabeza del dolor a los pies.
Todo llanto es un tragedia de calendario
que marcan los ojos
pestañeando las persianas.
La marcha del tambor entre las venas
el obelisco del dedo en medio de la calzada
y todas las extremidades que tienen las hojas
para huir de la ciudad.
Cuando el hombre se cayó sobre la falda
de Dios no resbaló
hizo jirones el vestido de pan y barbas
y fermentó toda abyección sobre el aullido de los lobos.
La felicidad es una historia de comercial
tan efímera que cuando la vemos ya es más
un recuerdo que una visión.
¿Es aquí cuando escribo algo de amor
y abro la boletería del cielo para saber que hay función?
Ella fue aquel paso que se refrescó con la palabra que mojó sus labios
cierto espejismo que se construye con la brisa del aire
cierto sueño que vive eternamente entre mis libros.
El día apaga su última vela
sin deseos
escondiendo su sonrisa en la oscuridad.
Lobos con sus colas derrotadas.
Amaneceres encogiéndose de hombros.
Nada nadie sabe nada
todos se miran preguntándose a dónde está el tesoro
El silencio es una madre extendiendo sus alas blancas...
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