Jota Be
Poeta recién llegado
Apocalipsis.
Fue el advenimiento
de el fin de los tiempos,
el fragor de la arrogancia
el súmmum épico de la ignorancia.
Ningún profeta, en el cenit de su arte,
pudo vislumbrar el horror
de la oleada más grande de muerte,
el peor daño que el mundo sufrió.
Víctimas.
Corderos presas del cazador
de cuerpos y almas diferentes,
la barbarie como destrucción masiva,
la estupidez de los infames Ángeles de la muerte.
Almas danzantes, el pueblo elegido
pieles oscuras, pensamientos distintos,
victimas de los enviados
para crear la raza única mediante la devastación.
Cómplices.
Millones de muertos
causados por la demencia de un líder,
un pueblo cómplice, en su debilidad
gestó la obra que aquel maligno dirigió.
Torturados por la disolución de los sueños,
soportando años de hambre y privaciones,
la gente busco blanco a su odio,
y lo disparó contra los más débiles.
Epílogo.
Solo quedan tristes historias
y un hueco que no podrá ser llenado jamás
ni por constelaciones de reclamos poéticos,
ni por vidas anhelantes de ese infierno explicar.
Demostrar poderío mediante la guerra,
daña el alma, la historia cercena,
que ambición idiota la del ser humano,
la de dominar mediante la opresión a su hermano.
Fue el advenimiento
de el fin de los tiempos,
el fragor de la arrogancia
el súmmum épico de la ignorancia.
Ningún profeta, en el cenit de su arte,
pudo vislumbrar el horror
de la oleada más grande de muerte,
el peor daño que el mundo sufrió.
Víctimas.
Corderos presas del cazador
de cuerpos y almas diferentes,
la barbarie como destrucción masiva,
la estupidez de los infames Ángeles de la muerte.
Almas danzantes, el pueblo elegido
pieles oscuras, pensamientos distintos,
victimas de los enviados
para crear la raza única mediante la devastación.
Cómplices.
Millones de muertos
causados por la demencia de un líder,
un pueblo cómplice, en su debilidad
gestó la obra que aquel maligno dirigió.
Torturados por la disolución de los sueños,
soportando años de hambre y privaciones,
la gente busco blanco a su odio,
y lo disparó contra los más débiles.
Epílogo.
Solo quedan tristes historias
y un hueco que no podrá ser llenado jamás
ni por constelaciones de reclamos poéticos,
ni por vidas anhelantes de ese infierno explicar.
Demostrar poderío mediante la guerra,
daña el alma, la historia cercena,
que ambición idiota la del ser humano,
la de dominar mediante la opresión a su hermano.