Profilaxis de la Vida.

VICTOR SANTA ROSA

Poeta fiel al portal


Como estremece la naturaleza,

el paso inexorable del tiempo,

en el valle, el bajío o la sierra,

o en el arroyo que muere lento.



Todo marchita, todo envejece,

haciendo su vivir una proeza,

en la tierra ni una planta crece,

pero si las canas en la cabeza.



¡Oh insensatas mentes!

No ven como el bosque muere,

como sedientos secan los ríos,

en el cieno de sus heces pestilentes.



Y como el aire pesa al pulmón,

que asfixia sin el oxígeno vital,

por la criminal deforestación,

que aniquila vida humana y animal.



Todo es maquiavélica ambición,

vale más el dinero que el corazón;

Primacía es la irracional avaricia,

apadrinada por la letal presbicia,

de mentes torpes… Esquizofrénicas.



Su irreflexión pagarán con creces:

Las aguas sin crustáceos ni peces

y sin bosques ni vidas silvestres.

Por alimento comerán sus heces.



La tierra será arrasada y desierta

y morirá desde el sauce hasta Olivo,

no habrá quién del desastre revierta.

Ni el capital que desprecio y maldigo.



Todo es bélica nuclearización,

guerras químicas contaminantes,

proliferación de virus itinerantes,

por el miedo entre cobardes,

en su inminente destrucción.



Y Dios en su eterna nobleza,

pero fiel a nuestro libre albedrío,

verá como algunos en su torpeza,

destruyen lo suyo y lo que es mío.



Autor: Víctor A. Arana.

(VÍCTOR SANTA ROSA)

Febrero 2 del 2020.
 
El Olivo me ha dicho que él tiene mucho que decir, pero que no tiene una boca para hablar.
Con lo cuál, su presencia pasa inadvertida, para el observador humano medio.
Sin embargo, si el observador se instruye en la agricultura, en la ganadería, en la pesca y en el montañismo...
Comprenderá que hay vida allende el reino animal. Hay vida instaurada como columna.
Vida que crece a un ritmo lento, pero que tiende a apoderarse del valle.
Y del monte.


E incluso de los fondos marinos.


El Olivo es solamente un eslabón más...
Pero ¡ Cuidado !
La cadena es larguísima.




Por ejemplo, los trajes de camuflaje militares, hacen al hombre más vegetal.
Pero él ha de comunicarse de algún modo, con los demás habitantes de la selva.
Habitantes que no tienen por qué moverse, habitualmente.
O sí.
 
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