Promesas eternas.

wilson yupanqui

Poeta asiduo al portal
Promesas eternas.



Déjame contarte, querida amiga mía,
desde que partió, mi vida no es la misma;
me inundan sus recuerdos, me hieren cada día
como un enjambre artero de abejas asesinas,
clavándome aguijones, abriendo mil heridas.

Déjame contarte de como era en vida
tan llena de ilusiones, radiante de alegría,
solía ir al río de aguas cristalinas,
el sol iluminaba su rostro casi niña,
la brisa en su cabello tejía maravillas,
danzando ondulante, besaba sus mejías
y alegre la abrazaba con ávidas caricias,
mientras del cielo eterno,
las nubes la miraban con suspicaz malicia
y a su paso pausado,
las flores que pisaba, mas bellas florecían,
era como el hechizo de alguna hada madrina.

Y yo la amé, como se ama una vez en la vida,
Dios sabe que la amé como a la virgen María
y éramos felices hasta el terrible día,
de pronto se acabó la dicha y la alegría.

Muy grande es el dolor que llena el alma mía
cuando en mis horas tristes pobladas de agonía,
parece que me abraza, siento que me acaricia
mientras que tibias lágrimas brotan de mis pupilas.

En ese mismo instante, con voz casi tardía
me dice que me ama, que es vida de mi vida,
que no la deje sola en esa letanía
que le acompañe siempre en la región sombría,
cumpliendo el juramento hecho en su tumba fría,
de amarla hasta la muerte y aún en la otra vida.

Amiga tú no sabes, ni siquiera lo imaginas
como es morir por dentro, estando aún con vida,
sentir entre mis sueños, su voz media dormida
sus súplicas dolidas, como de un alma perdida,

¡ Nunca me dejes sola, en la región sombría...!
Y así sigo esperando, así mi último día.
 
Última edición:
Promesas eternas.



Déjame contarte, querida amiga mía,
desde que partió, mi vida no es la misma;
me inundan sus recuerdos, me hieren cada día
como un enjambre artero de abejas asesinas,
clavándome aguijones, abriendo mil heridas.

Déjame contarte de como era en vida
tan llena de ilusiones, radiante de alegría,
solía ir al río de aguas cristalinas,
el sol iluminaba su rostro casi niña,
la brisa en su cabello tejía maravillas,
danzando ondulante, besaba sus mejías
y alegre la abrazaba con ávidas cariciaas,
mientras del cielo eterno,
las nubes la miraban con suspicaz malicia
y a su paso pausado,
las flores que pisaba, mas bellas florecián,
era como el hechizo de alguna hada madrina.

Y yo la amé, como se ama una vez en la vida,
Dios sabe que la amé como a la virgen María
y éramos felices hasta el terrible día,
de pronto se acabó la dicha y la alegría.

Muy grande es el dolor que llena el alma mía
cuando en mis horas tristes pobladas de agonía,
parece que me abraza, siento que me acaricia
mientras que tibias lágrimas brotan de mis pupilas.

En ese mismo instante, con voz casi tardia
me dice que me ama, que es vida de mi vida,
que no la deje sola en esa letanía
que le acompañe siempre en la región sombría,
cumpliendo el juramento hecho en su tumba fría,
de amarla hasta la muerte y aún en la otra vida.

Amiga tú no sabes, ni siquiera lo imaginas
como es morir por dentro, estando aún con vida,
sentir entre mis sueños, su voz media dormida
sus súplicas dolidas, como un alma perdida,
nunca me dejes sola, e
n la región sombría
y así sigo esperando, así mi último día.
Buenas tardes
Unas bellas letras a mi alcance
Gracias por ellas.
Un saludo
 

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