Antonio Díaz
Poeta recién llegado
Quisimos formar parte de la madrugada.
Ser la llama que prendía las farolas
que mantenía nuestras almas fundidas.
Bajo la inmensidad de un manto de barro
Que atrapaba cada centímetro de nuestros cuerpos
En las arenas movedizas de tu tiempo.
Cuando me desconocía.
Cuando no era el primero ni el último
que le saco brillo a tu sonrisa.
Cuando suplicaba algo de cariño
entre las sombras que derrochaba
la silueta de tus ojos.
De esa mirada latente
escondida bajo el reflejo de caricias
Que se fueron con tu ausencia.
Que me abandonaron al olvido, de un silencio irrefrenable
con más recuerdos que páginas en este cuento
Fruto del amor culpable de haber nacido.
Fruto de los versos aprehendidos
entre palabras envenenadas de sueños
Con la flaqueza de haberte querido,
y haberte visto volar hacia otros nidos.
Con más esperanza que la historia
que intenté forjarte en cada estrofa.
Pero ya sabes que la suerte vuela,
con una herida anclada a su costado.
Que volará lejos Sin olvidar las fuerzas que me diste
para no estrellarme con la vida.
Cuando le suplico a las horas una tregua
que me salve del abismo donde tropiezo.
Cuando le escribo al viento las palabras
que no rozarán tus labios.
Por haber sido las cenizas
de un invierno que se apaga.
Por haber sido la promesa
de un recuerdo.
Ser la llama que prendía las farolas
que mantenía nuestras almas fundidas.
Bajo la inmensidad de un manto de barro
Que atrapaba cada centímetro de nuestros cuerpos
En las arenas movedizas de tu tiempo.
Cuando me desconocía.
Cuando no era el primero ni el último
que le saco brillo a tu sonrisa.
Cuando suplicaba algo de cariño
entre las sombras que derrochaba
la silueta de tus ojos.
De esa mirada latente
escondida bajo el reflejo de caricias
Que se fueron con tu ausencia.
Que me abandonaron al olvido, de un silencio irrefrenable
con más recuerdos que páginas en este cuento
Fruto del amor culpable de haber nacido.
Fruto de los versos aprehendidos
entre palabras envenenadas de sueños
Con la flaqueza de haberte querido,
y haberte visto volar hacia otros nidos.
Con más esperanza que la historia
que intenté forjarte en cada estrofa.
Pero ya sabes que la suerte vuela,
con una herida anclada a su costado.
Que volará lejos Sin olvidar las fuerzas que me diste
para no estrellarme con la vida.
Cuando le suplico a las horas una tregua
que me salve del abismo donde tropiezo.
Cuando le escribo al viento las palabras
que no rozarán tus labios.
Por haber sido las cenizas
de un invierno que se apaga.
Por haber sido la promesa
de un recuerdo.