Propio Del Oleaje.

Brais

Poeta recién llegado
Recuerdo mis ojos de niño contar
desde el coche, en el paisaje,
a todos los infinitos árboles.
Las suyas sombras, las espirales
-imaginaciones, entre el follaje-
tan luminosas de luz solar.

O aquellas tempranas tardes gitanas
cuando nos rompíamos los dientes
con las piñas, con las bellotas.
Deben contener nuestras memorias
la esencia toda de los bosques
Atlánticos y la amargura de sus frutas.

Lo noté cuando la feria y las castañas acabaron.
Yo digo que fue exquisito el abordaje,
esas cosas, un asunto propio del oleaje
que anegó de amor, bosques que se inundaron.

Fue impregnada del ser la emoción
de cada recoveco, por la nutricia humedad
calve o plegaría, atea, hacia la suavidad.
Todo son las silvas y los tojos, que florecieron.

¿Rezar porque esto que sienta
no sólo lo estea sintiendo, yo sólo?
Prefiero reconocer que estas dudas
no me son tan profundas. ¡Ja ja!.

La vista juega con los espacios,
y ahora de viejo con mayor habilidad.
Estuve a un niño observando
jugar; niño que algún día
las cosas observando se quedará.

Como decía,
cuando era pequeño varias veces vi
a la velocidad del coche el horizonte, en el bosque.
Era moteado con sombras; era un bosque
de ramas húmedas, o viejas y secas, ¡carballil!.

Y la otra sensación infantil que conservo
del bosque es recorrerlo, sin fin
y sin final, sólo o con un antiguo compañero.
¡Mos de infancia, el de la pujanza febril!.

Por todo ello que yo diga que fue exquisito,
el abordaje, esas cosas. Un asunto propio
del oleaje.
 
Recuerdo mis ojos de niño contar
desde el coche, en el paisaje,
a todos los infinitos árboles.
Las suyas sombras, las espirales
-imaginaciones, entre el follaje-
tan luminosas de luz solar.

O aquellas tempranas tardes gitanas
cuando nos rompíamos los dientes
con las piñas, con las bellotas.
Deben contener nuestras memorias
la esencia toda de los bosques
Atlánticos y la amargura de sus frutas.

Lo noté cuando la feria y las castañas acabaron.
Yo digo que fue exquisito el abordaje,
esas cosas, un asunto propio del oleaje
que anegó de amor, bosques que se inundaron.

Fue impregnada del ser la emoción
de cada recoveco, por la nutricia humedad
calve o plegaría, atea, hacia la suavidad.
Todo son las silvas y los tojos, que florecieron.

¿Rezar porque esto que sienta
no sólo lo estea sintiendo, yo sólo?
Prefiero reconocer que estas dudas
no me son tan profundas. ¡Ja ja!.

La vista juega con los espacios,
y ahora de viejo con mayor habilidad.
Estuve a un niño observando
jugar; niño que algún día
las cosas observando se quedará.

Como decía,
cuando era pequeño varias veces vi
a la velocidad del coche el horizonte, en el bosque.
Era moteado con sombras; era un bosque
de ramas húmedas, o viejas y secas, ¡carballil!.

Y la otra sensación infantil que conservo
del bosque es recorrerlo, sin fin
y sin final, sólo o con un antiguo compañero.
¡Mos de infancia, el de la pujanza febril!.

Por todo ello que yo diga que fue exquisito,
el abordaje, esas cosas. Un asunto propio
del oleaje.


un poema muy original y natural, muy bien editado y con muchas imágenes frescas, bienvenido
 

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