arenisca
Poeta fiel al portal
Me levante por la mañana y allí estabas querido
tu esperando mi misiva desde aquel nublado
día allí estabas tendiéndome la mano.
Que tan solo yo sentía bondadosa como mi instantáneo
encuentro allí estabas acariciando con tesón mi frágil aliento
perdido entre las cenizas de mi coche y a lado yo con cuerpo.
Tumbada boca arriba con frágil aliento me repetía desde el verso
vivo, muerte rozaste cerca me dejaste con un marcado
que es la señal de lo que allí esta, en el gran desconocido camino.
Humareda blanca y una espuma en la neblina de mis ojos hacian mi
parpadeó atenué como en un limbo con la mesura del regazo
mientras el pelo ondeaba yo sentía mis ojos grandes y pequeños entrevelados.
Se regían por un leve pestañear dispuestos a despertar en el segundo
que tu voz se alzase entre el gentío que había acudido a la profesión
Por el funeral de tu día, y tú voz muda de extenuación buscando la confesión
Sentías como su mano se apretaba entre tanto, y tanto que su oficio se trunco
Después de aquel día sintió que su camino era el que no intuyo en el prefacio
Ni en la carta remitida por el código postal de un insólito encuentro.
Estaba ya colocada como si el último aliento exhalado, se hubiera esfumado
Y la vida ya no valiese nada en el último intento de abrir mis ojos renegados
Fue en ese instante de suspiro, que nadie esperaba abrí con fuerza mis ojos.
Sentí una mano que mecía mi último aliento para decir que yo eligiese camino
Con ella o sin ella, era ella la del manto blanco azul colores celestes y nunca opacos
Mi decisión fue la de respirar para continuar un poco más con mi frágil aliento.
Las arrugas se me marcaban ya por la cara pero aun quería estar con el pequeño
Que tenia entre mis brazos que era mi amuleto su cariño desde que lo sentí mío
Fue lo que me hizo exhalar quería ver su futuro en parte encauzado motivo.
Aliento que no se esfumo y consiguió con tesón levantar mi otra opción
No apagando mi vida hasta que vistiese un pequeño sueño cumplido
Su sonrisa en su cara, mi cara no con tres arrugas si no con un surco profundo.
De vida vivida ese era el objetivo que no estaba dispuesta a irme tan rápido
Meciendo cuna y cama a la edad de ochenta años me hacía sentir de menos años
Porque yo era su guía, experiencia no me faltaba y cariño tampoco.
Todo el mundo decía que ya no era apta para adopción
Pero era mi nieto aun fuera de sangre o no
Abandonado en aquella cuneta, el lo recogió.
Cuidadosamente para no rasguñarle con los dientes
Su pequeña piel morena y lo dejo en su regazo
Durante tres días que yo lo note extraño,
El me miraba con sus ojos almendrados
Con un brillo de tener algo valioso
Pero que a su vez lo hacía temeroso
Pues el no sabía si era el correcto
Cuidador para aquel ser que no
Aullaba, pero que el gemido.
Era similar cuando el aullaba a
La luna aquel día de otoño
Era sin igual a duda el recuerdo
Obsoleto.
De su viejo dueño
Con figura de vanidoso y vino
En mano era el perfecto
amigo, era como un confesor
Porque en cada toma y trago
el auguraba un proverbio
y una andanza con continua estampa de redentor
Insólito, sus pecados era a ver descubierto
Que a través de los tragos de vino
el era el mensajero de algo insólito
reconocido por la estampa de antiguo
mesero con cuerpo de galgo y negra
Sombra sobre su estampa de hielo
Aparente estripe de cortejos
Y sueño de su don divino
Incauto y perpetuo
Sus proverbios y profecías
A través del caldoso
Y caliente brevaje
Procedente de la vid
Que nunca dejo
De velar aun con un solo racimo
El velaba por ella y el le
Ofrecia su tragito de vino.
tu esperando mi misiva desde aquel nublado
día allí estabas tendiéndome la mano.
Que tan solo yo sentía bondadosa como mi instantáneo
encuentro allí estabas acariciando con tesón mi frágil aliento
perdido entre las cenizas de mi coche y a lado yo con cuerpo.
Tumbada boca arriba con frágil aliento me repetía desde el verso
vivo, muerte rozaste cerca me dejaste con un marcado
que es la señal de lo que allí esta, en el gran desconocido camino.
Humareda blanca y una espuma en la neblina de mis ojos hacian mi
parpadeó atenué como en un limbo con la mesura del regazo
mientras el pelo ondeaba yo sentía mis ojos grandes y pequeños entrevelados.
Se regían por un leve pestañear dispuestos a despertar en el segundo
que tu voz se alzase entre el gentío que había acudido a la profesión
Por el funeral de tu día, y tú voz muda de extenuación buscando la confesión
Sentías como su mano se apretaba entre tanto, y tanto que su oficio se trunco
Después de aquel día sintió que su camino era el que no intuyo en el prefacio
Ni en la carta remitida por el código postal de un insólito encuentro.
Estaba ya colocada como si el último aliento exhalado, se hubiera esfumado
Y la vida ya no valiese nada en el último intento de abrir mis ojos renegados
Fue en ese instante de suspiro, que nadie esperaba abrí con fuerza mis ojos.
Sentí una mano que mecía mi último aliento para decir que yo eligiese camino
Con ella o sin ella, era ella la del manto blanco azul colores celestes y nunca opacos
Mi decisión fue la de respirar para continuar un poco más con mi frágil aliento.
Las arrugas se me marcaban ya por la cara pero aun quería estar con el pequeño
Que tenia entre mis brazos que era mi amuleto su cariño desde que lo sentí mío
Fue lo que me hizo exhalar quería ver su futuro en parte encauzado motivo.
Aliento que no se esfumo y consiguió con tesón levantar mi otra opción
No apagando mi vida hasta que vistiese un pequeño sueño cumplido
Su sonrisa en su cara, mi cara no con tres arrugas si no con un surco profundo.
De vida vivida ese era el objetivo que no estaba dispuesta a irme tan rápido
Meciendo cuna y cama a la edad de ochenta años me hacía sentir de menos años
Porque yo era su guía, experiencia no me faltaba y cariño tampoco.
Todo el mundo decía que ya no era apta para adopción
Pero era mi nieto aun fuera de sangre o no
Abandonado en aquella cuneta, el lo recogió.
Cuidadosamente para no rasguñarle con los dientes
Su pequeña piel morena y lo dejo en su regazo
Durante tres días que yo lo note extraño,
El me miraba con sus ojos almendrados
Con un brillo de tener algo valioso
Pero que a su vez lo hacía temeroso
Pues el no sabía si era el correcto
Cuidador para aquel ser que no
Aullaba, pero que el gemido.
Era similar cuando el aullaba a
La luna aquel día de otoño
Era sin igual a duda el recuerdo
Obsoleto.
De su viejo dueño
Con figura de vanidoso y vino
En mano era el perfecto
amigo, era como un confesor
Porque en cada toma y trago
el auguraba un proverbio
y una andanza con continua estampa de redentor
Insólito, sus pecados era a ver descubierto
Que a través de los tragos de vino
el era el mensajero de algo insólito
reconocido por la estampa de antiguo
mesero con cuerpo de galgo y negra
Sombra sobre su estampa de hielo
Aparente estripe de cortejos
Y sueño de su don divino
Incauto y perpetuo
Sus proverbios y profecías
A través del caldoso
Y caliente brevaje
Procedente de la vid
Que nunca dejo
De velar aun con un solo racimo
El velaba por ella y el le
Ofrecia su tragito de vino.