Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
PSICO-MADEJA Nº2
PSICO-MADEJA Nº2
Mi vecino tiene esposa.
A mí me gusta su esposa porque me mira mucho.
Creo que me mira mucho porque le gusto
y por eso me gusta, me hace sentir bien.
O puede ser que ella me mire mucho porque advierta que yo la miro mucho
y que eso la molesta y por eso me mira
justamente no porque guste de mí, todo lo contrario
y que yo no distinga si me mira molesta.
Será bueno saber cuál de las posibilidades es la real:
Si me acerco a hablarle podría entrever que siente por mí.
Trataré de ser tan directo como pueda.
Puede ser que ella sea directa y me diga que le molesta que la mire mucho.
Deberé inquirir si le molesta porque yo no le gusto
o porque le guste o no yo, no quiere líos con su marido,
o porque le guste o no yo, no quiere enredos con vecinos.
Si logró decirme que no le gusto ya está.
Si logró decirme que le gusto también ya está.
Pero podría ser no directa y hacerse la desentendida.
Tal vez se haga la desentendida por pudor, al no poder decirme que le gusto.
o al contrario, por no herirme al decirme que no le gusto.
O por no desear dar explicaciones
de que no desea futuros líos con su marido
o que no desee enredarse con sus vecinos.
O también no ser directa si es de aquellas
que esperan que el hombre tome la iniciativa.
Si es así le mostraré que esa charla ya fue tomar la iniciativa,
Si fuera que yo le gusto, ojalá que no me pregunte
si en realidad yo gusto de ella por ella misma
o solo porque me mira mucho,
puesto que – como yo- está muy curiosa de saber
por cual de las dos razones la miro tanto.
Que no me diga, por Dios, que le gusta mucho ser mirada por mí,
pero que se pregunta a sí misma
si yo le gusto por mí mismo o por poner tanto interés en ella.
Eduardo Morguenstern
PSICO-MADEJA Nº2
Mi vecino tiene esposa.
A mí me gusta su esposa porque me mira mucho.
Creo que me mira mucho porque le gusto
y por eso me gusta, me hace sentir bien.
O puede ser que ella me mire mucho porque advierta que yo la miro mucho
y que eso la molesta y por eso me mira
justamente no porque guste de mí, todo lo contrario
y que yo no distinga si me mira molesta.
Será bueno saber cuál de las posibilidades es la real:
Si me acerco a hablarle podría entrever que siente por mí.
Trataré de ser tan directo como pueda.
Puede ser que ella sea directa y me diga que le molesta que la mire mucho.
Deberé inquirir si le molesta porque yo no le gusto
o porque le guste o no yo, no quiere líos con su marido,
o porque le guste o no yo, no quiere enredos con vecinos.
Si logró decirme que no le gusto ya está.
Si logró decirme que le gusto también ya está.
Pero podría ser no directa y hacerse la desentendida.
Tal vez se haga la desentendida por pudor, al no poder decirme que le gusto.
o al contrario, por no herirme al decirme que no le gusto.
O por no desear dar explicaciones
de que no desea futuros líos con su marido
o que no desee enredarse con sus vecinos.
O también no ser directa si es de aquellas
que esperan que el hombre tome la iniciativa.
Si es así le mostraré que esa charla ya fue tomar la iniciativa,
Si fuera que yo le gusto, ojalá que no me pregunte
si en realidad yo gusto de ella por ella misma
o solo porque me mira mucho,
puesto que – como yo- está muy curiosa de saber
por cual de las dos razones la miro tanto.
Que no me diga, por Dios, que le gusta mucho ser mirada por mí,
pero que se pregunta a sí misma
si yo le gusto por mí mismo o por poner tanto interés en ella.
Eduardo Morguenstern
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