Diana Krauter
Poeta Reconocido
Un espasmo de viento en mi cabeza
cuando toco lo oscuro con los dedos
cortados, a la sombra del emblema
somático de los adornos dogmáticos.
Crucifican las espinas del tiempo
inyectándose el veneno en la sangre
las víboras me miran desde lejos,
ya se alejan inundadas de espanto.
Una muñeca llena de huecos secos
con el cuerpo adornado de ganchos
que sostienen las carnes pálidas
ahogadas en llanto de savia azulada.
No sorprenda que los cuervos escarben
buscando larvas en mis brazos,
es el cementerio de animales burlescos
vestidos en vidrio y lunares grandes.
Se abren gigantes, casi desmembrados
como alas cortando el espacio insensible
en piedra cincelada al sufrimiento vivo
del camino emergiendo como gigante.
Lloran los párpados emplumados, arden
las gemas inyectadas en negra sangre
de los martillos que me clavan incesantes
cuando golpean las sombras del ruido.
La cabeza metalizada en espejos rojos,
muriendo neuronas del shock electrizante
de la agonía viva, del eterno caminante
que fluctúa sufriendo a los ángeles rotos.
Con la visión de astros, triste hegemonía
es la ejecución gótica del mundo que hunde
entre prismas, los cadáveres transparentes
del agonizante sonido de murciélagos que
mueren, pero renacen.
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cuando toco lo oscuro con los dedos
cortados, a la sombra del emblema
somático de los adornos dogmáticos.
Crucifican las espinas del tiempo
inyectándose el veneno en la sangre
las víboras me miran desde lejos,
ya se alejan inundadas de espanto.
Una muñeca llena de huecos secos
con el cuerpo adornado de ganchos
que sostienen las carnes pálidas
ahogadas en llanto de savia azulada.
No sorprenda que los cuervos escarben
buscando larvas en mis brazos,
es el cementerio de animales burlescos
vestidos en vidrio y lunares grandes.
Se abren gigantes, casi desmembrados
como alas cortando el espacio insensible
en piedra cincelada al sufrimiento vivo
del camino emergiendo como gigante.
Lloran los párpados emplumados, arden
las gemas inyectadas en negra sangre
de los martillos que me clavan incesantes
cuando golpean las sombras del ruido.
La cabeza metalizada en espejos rojos,
muriendo neuronas del shock electrizante
de la agonía viva, del eterno caminante
que fluctúa sufriendo a los ángeles rotos.
Con la visión de astros, triste hegemonía
es la ejecución gótica del mundo que hunde
entre prismas, los cadáveres transparentes
del agonizante sonido de murciélagos que
mueren, pero renacen.
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:: besos...
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