José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Valle fecundo entre vaivenes
de olas de tierra, en las lomas te duermes
y los pies refrescas en el cauce.
Oh, pueblo mío blanco como la nata,
rico en quejidos, los hombres, plumas
que vuelan por tus almendrales,
tus vides verdes, como tus ojos, altivos.
Limoneros centenarios, ocultos entre cañaverales,
son tus guardianes, te protegen
del aire de las tormentas;
casas de jilgueros en las oscuras noches.
La escarcha y el rocío lloran contigo en otoño,
en invierno el frío de Maroma helada,
congelada la nariz, abierta el alma de poderío.
Tus austeras casitas se han convertido
en castillos medievales,
riqueza tropical inunda tu cabeza.
Tus calles angostas, arabescas,
y olor a brasero con sus columnas
de humo al cielo.
Eres mi día y mi noche.
mi amanecer dorado,
mi monte de espinas.
Cuando estoy contigo
mi alma de alegría salpicas;
cuando me faltas, brota la melancolía.
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